El fuego devora sierra espuña: 400 hectáreas en llamas y 94 niños evacuados

Las llamas saltaron al mediodía. A las 14:30 ya habían devorado 400 hectáreas de pinar en Sierra Espuña y 94 personas —80 niños y 14 monitores— corrían hacia la carretera RM-23 mientras el humo negro cerraba el cielo de Totana. El viento, racheado a 45 km/h, convirtió un simple conato en el primer gran incendio forestal de la temporada en la Región de Murcia.

La mancha crece por el llano de las cabras

El paraje conocido como Llano de las Cabras, un altiplano de matorral seco y pinos resineros, se ha convertido en el epicentro de un incendio que ya activa el nivel 2 del Plan Infomur. La predicción de la Aemet anunciaba rachas de viento de componente oeste durante toda la jornada; los técnicos lo sabían, los vecinos también. Aún así, el fuego encontró su hueco.

En la finca Caruana, a escasos metros del frente activo, un grupo scout procedente de Alcantarilla celebraba una ruta de convivencia. Cuando el olor a quemado llegó al campamento, los monitores ordenaron el desalojo protocolario. «No hubo pánico, pero el humo ya se veía por el cerro», cuenta Lucía, una de las educadoras. Enfilaron hacia Totana en dos autocares municipales. Las vacas de la explotación ganadera colindante tuvieron menos suerte: pastores y bomberos tuvieron que abrir paso a golpe de tractor entre llamas para sacar 120 cabezas de ganado.

150 Efectivos y dos hidroaviones contienen el avance

150 Efectivos y dos hidroaviones contienen el avance

La rápida declaración de nivel 2 ha permitido desplegar un dispositivo que ya rola los 150 efectivos: bomberos forestales de la Comunidad Autónoma, agentes de la Policía Local y Protección Civil, técnicos de Medio Ambiente y, a última hora, el tercer batallón de intervención de la UME desde su base Jaime I de Bétera. Dos hidroaviones Canadair se turnan en descensos sobre el tajo de la Sierra, lanzando 3.000 litros de agua por zambullida. La estrategia: anclar el fuego en la ladera norte antes de que el viento cambie a noroeste y empuje las llamas hacia el parque periurbano de Alhama de Murcia.

La mancha, sin embargo, sigue viva. La humedad relativa ronda el 25 % y la temperatura supera los 26 °C; un cocktail perfecto para que el fuego genere su propio microclima. El frente principal avanza en lengua de 1,2 km y ya ha saltado la pista forestal que hace de línea cortafuegos. Los técnicos no se atreven a dar por cerrado ni un solo flanco.

La región vive su peor año de igniciones desde 2022

Con este episodio, Murcia suma 1.300 hectáreas quemadas en lo que va de año, récord desde el devastador incendio de Calblanque de 2022. El consejero de Medio Ambiente, Juan María Vázquez, ha anunciado una investigación «rápida y contundente» para determinar la causa; todo apunta a una negligencia agrícola en una zona de reciente roturación. La Fiscalía de Medio Ambiente ya ha abierto diligencias.

Mientras tanto, el humo visible desde Murcia capital ha encendido las alarmas en una ciudad que respira a través de sus pulmones verdes. La sierra es su fábrica de agua, su cortina frente a la desertificación y, ahora, su herida abierta. Si el viento amaina antes del amanecer, los técnicos hablan de «control parcial»; si no, la noche puede convertirse en una trinchera de 30 metros de altura de fuego. La lucha continúa y la Región entera mira hacia el oeste, con la certeza de que cada verano empieza antes y quema más fuerte.