El fuego toma los guájares a 50 km/h y deja un pulso nocturno entre pinos
Una lengua de viento a 50 km/h abrió la noche del domingo un foso de llamas en el paraje Barranco Alberca Alta. A esa velocidad, el incendio se tragó los primeros cinco montes de Los Guájares antes de que los relojes marcaran las dos de la madrugada. Infoca lo ha sellado como «estabilizado», pero el humo sigue siendo dueño del aire.

La batalla se midió en helicópteros y horas
El plan de choque fue desértico: tres brigadas de bomberos forestales, un helicóptero pesado y otro ligero, una autobomba, una Brica, dos técnicos y un agente de medio ambiente. A las ocho de la tarde, cuando el viento cambió de dirección, se sumaron otra brigada, una segunda autobomba y dos helicópteros más. 50 efectivos y 2 autobombas mantuvieron el pulso durante la noche, caminando sobre ceniza todavía caliente.
La cifra habla por sí sola: 30 km/h de viento medio con rachas de 50 km/h. Esas ráfagas convirtieron cada árbol en un fósforo y cada barranco en una chimenea. El fuego avanzó en saltos, como un gato que no quiere mojarse las patas, y los pilotos tuvieron que elevar los vuelos para no ser engullidos por las brasas que volaban más alto que sus rotores.
Los Guájares, un triángulo de pueblos blancos entre chirimoyos y avellanos, despertó con el sabor metálico del humo en la boca. Los vecanos reconocen el olor: ya hubo un susto similar en 2021. Entonces fue el incendio de los 3.000 hectáreas; ahora, de momento, la quema se ha quedado en 64 hectáreas, pero el miedo mide igual.
Infoca advierte: «estabilizado» no es «controlado». Quedan hot spots —puntos calientes— que pueden reavivarse con la menor brisa. Por eso, esta misma mañana, los helicópteros han vuelto a batir el cielo, buscando columnas que aún no han dicho su última palabra.