El futsi navalcarnero arrebata la gloria europea en una final que se decidió en el último suspiro

Lo que empezó como un duelo de tú a tú acabó en una estampida española. El Futsi Atlético Navalcarnero se colgó su cuarta corona continental en la IX European Women’s Champions Futsal Tournament tras derrotar 4-3 al GCR Nun’Álvares en una final que olía a pólvora desde el salto inicial. La remontada fue obra de María Sanz, que firmó un doblete demoledor, y de Ariane Silva y Luchi, que clavaron el puñal cuando el público luso rugía por la hazaña.

La resaca de una semifinal que ya avisó

El camino hasta el partido por el título fue un aviso escrito con goleada. En semifinales, las madrileñas desmantelaron al Okasa Falconara por un contundente 6-2. Irene Córdoba se convirtió en el ciclón del pabellón: cuatro tantos en veinte minutos que dejaron al rival mirando al techo. María Sanz, fiel a su momento de gracia, cerró la exhibición con otro doblete. El mensaje era claro: si alguien quería la copa, tendría que arrancarla de sus botas.

Del otro lado del cuadro, el anfitrión portugués había firmado una demostración de fuerza bruta: 9-0 al KS Górno. Ana Azevedo, la artillera de la vigencia, anotó cuatro tantos y se fue a los vestuarios con la certeza de que el trofeo tenía nombre luso. Pero el fútbol sala no entiende de estadísticas cuando el corazón viaja en autobús desde la Castellana.

La final que nadie en lisboa olvidará

La final que nadie en lisboa olvidará

El pabellón de Nun’Álvares vibraba con la esperanza local. Las portuguesas salieron a morder y se adelantaron dos veces en el marcador. Cada gol era un terremoto en las gradas, pero cada vez el Futsi respondía con la frialdad de quien ya conoce el sabor de la gloria. A falta de cinco minutos, el electrónico reflejaba un 3-3 que olía a prórroga. Fue entonces cuando Luchi, desde el segundo poste, empujó un balón que parecía muerto y desató la locura rojiblanca.

Ángel González, el técnico que ya dirigió los títulos de 2017, 2018 y 2020, dio instrucciones sin levantar la voz: «A trabajar la posesión y a no regalar ni un segundo». Sus jugadoras obedecieron hasta el pitido final. El 3-4 certificó el regreso del fútbol sala femenino español a la cima continental tres años después del último éxito de Pescados Rubén Burela.

En el vestuario, el silencio duró lo que tarda un abrazo. Después, las cámaras captaron a María Sanz con la medalla entre los dientes: «Este trofeo sabe a todos los entrenos a puerta cerrada, a los fines de semana sin domingo, a las que llegaron antes y a las que se quedaron en el camino». La frase resume mejor que cualquier estadística por qué el título no es solo un trofeo más en la vitrina, sino la confirmación de que la perseverancia, cuando se escribe con minúsculas, acaba gritando en mayúsculas.