El gobierno abre la llave: 5 800 pesos por alumno en abril para frenar la deserción universitaria

México depositará desde el 13 de abril 5 800 pesos en cada cuenta de los 40 000 jóvenes que aún resisten en aulas catalogadas como «prioritarias». El dinero llegará por letras: primero A y B, después C, y así hasta la Z del 24 de abril. La lógica es tan mexicana como el calendario del mundial: repartir la ayuda antes de que los alumnos tiren la toalla y se vayan a trabajar a un call center o a la informalidad.

El calendario que nadie quiere imprimir

La Coordinación Nacional de Becas para el Bienestar se niega a publicar un calendario oficial. Prefiere la versión tentativa: un rompecabezas de letras que obliga a los estudiantes a consultar su CURP como quien revise el horóscopo. El mensaje es claro: si tu apellido empieza por M, marca el 20 de abril en la agenda; si es Z, espera hasta el 24. La precisión burocrática se diluye en una semana entera de interés bancario que, por supuesto, no se pagará a los beneficiarios.

El programa —que en realidad se llama Jóvenes Escribiendo el Futuro y no «Construyendo», como confunden muchas cuentas de redes— nació en 2019 para apuntalar la matrícula en universidades públicas que pierden alumnos por falta de dinero. Cada bimestre el gobierno inyecta 232 millones de pesos a la economía de 40 000 familias. La cifra parece gigantesca hasta que se compara con los 128 000 millones que el mismo erogó en 2025 para la red clientelar de becas: una cifra que supera el presupuesto anual de la Armada mexicana.

La tarjeta del bienestar como pasaporte de precariedad

La tarjeta del bienestar como pasaporte de precariedad

Para cobrar, el alumno necesita la Tarjeta del Bienestar del Banco Bienestar. El problema empieza cuando el cajero se traga la tarjeta o cuando la app colapsa por «mantenimiento». Entonces aparece el número 800 900 2000, que atiende de lunes a viernes hasta las 22:00 y los sábados hasta las 14:00. Ahí, una voz grabada repite que «su llamada es importante» mientras el estudiante cuenta los centavos para el pasaje de regreso a casa.

El gobierno presume que con estas becas «garantiza el acceso a la educación superior». Lo que no dice es que la ayuda equivale a 193 pesos diarios durante los diez meses de clase: menos del salario mínimo de un jornalero. Con eso un joven debe pagar libros, transporte, renta y —si le alcanza— una colación. La ironía es que muchos terminan trabajando de Uber o repartiendo comida para completar, justo en los meses que la beca no cubre: julio y agosto.

Mientras tanto, la Secretaría de Hacienda ya anuncia que en 2026 habrá recorte al gasto social. El mensaje para los 40 000 es implícito: agárrense los 5 800 pesos de abril como quien atrapa un tren en marcha. El próximo bimestre quizá ya no esté. Y entonces sí, la única certeza será la letra inicial del apellido, pero sin fecha, sin dinero y sin futuro que escribir.