El gobierno indulta a las seis sindicalistas de la suiza tras nueve meses entre rejas

Nueve meses después de cruzar por su propio pie la puerta de la cárcel de Villabona, las seis mujeres que protestaron contra la explotación en una pastelería de Gijón saldrán definitivamente del ostracismo penal. El Consejo de Ministros aprueba este martes el indulto de Las seis de la Suiza, un golpe de timón que desactiva la condena de tres años y medio por coacciones y obstrucción a la justicia que el Supremo ratificó en 2024.

La pastelera, la acosada y el escándalo que encendió la calle

La historia empieza en 2017, cuando una empleada denuncia que en La Suiza se trabajaba sin contrato, sin descansos y con jornadas de 12 horas. La respuesta de la plantilla fue montar un piquete informativo que se convirtió en un pequeño infierno para el dueño: caceroladas, carteles y el local cerrado «por cierre patronal». El juzgado entendió que la presión fue tal que obligó al empresario a bajar la persiana y le impuso una indemnización de 150.000 euros. Las seis sindicalistas, condenadas también a prisión, pasaron de ser activistas a delincuentes en un pis pas.

Lo que nadie cuenta es que la Fiscalía y las defensas pidieron en junio de 2025 suspender la pena. El juez lo desestimó. El 9 de julio llegó la orden de ingreso. Al día siguiente, se presentaron voluntariamente en la prisión asturiana con sus maletas hechas y la frente alta. Desde entonces, 22 organizaciones sindicales —algunas de Alemania y Francia— han bombardeado La Moncloa con escritos clamando por un indulto que, según el Ministerio, «repara una condena inapropiada en democracia».

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«Nunca debieron pisar una celda por hacer sindicalismo», suelta la portavoz del colectivo de apoyo, que lleva meses repartiendo octavillas frente a la pastelería. «Esto es una victoria de la clase trabajadora, no solo de seis mujeres». En el barrio de Ceares, donde La Suiza aún vende napolitanas a 1,20 €, la noticia ha llegado como un chute de oxígeno. Algunos clientes aplauden; otros se encogen de hombros. El dueño, que ha rehecho su vida tras el cierre temporal, prefiere no hablar. Su abogado tampoco.

El indulto no borra la condena, pero sí evita que regresen al taller de moda penitenciario. Tampoco devuelve los 150.000 euros que ya ingresaron al empresario: esa parte del daño queda intacto. El Gobierno, sin embargo, envía un mensaje claro a la empresa y al juez: la acción sindical, aunque moleste, no será carne de presidio.

En la cárcel, las seis han compartido módulo con otras presas comunes y han dictado talleres de derecho laboral. A la salida, les espera una manada de compañeras con pañuelos morados y un megáfono. La calle Suiza, 21, vuelve a ser, por unas horas, el epicentrio de una lucha que empezó por una trabajadora despedida y acabó en la portada de los juzgados. La pastelería sigue ahí. Las seis, también. Pero ya sin rejas de por medio.