El gran caos de semana santa: aeropuertos europeos piden parar el nuevo control de fronteras
La Semana Santa se anuncia como un infierno logístico. Las principales aerolíneas y aeropuertos europees han saltado este lunes contra la Unión Europea reclamando una prórroga de emergencia para evitar colas de hasta dos horas en los controles fronterizos. El motivo: el sistema de entrada y salida (EES), que debería estar al 100% operativo el 10 de abril, está fallando y la solución técnica brilla por su ausencia.
La cifra habla por sí sola: desde el pasado 10 de marzo, cuando se exigió registrar al menos al 50% de los viajeros extracomunitarios, los tiempos de espera se han disparado. ACI Europa y A4E, que agrupan a los aeropuertos y a las aerolíneas, advierten de que la saturación será «catastrófica» si no se permite suspender el sistema en picos de demanda.

El calendario que nadie quiere cumplir
El martes 31 de marzo expira el plazo para registrar al 100% de los nacionales de terceros países. El 9 de abril se cierra el último día de transición. Y el 10 de abril, sin red de seguridad, entra en vigor la exigencia total. Con millones de pasajeros programando sus primeras vacaciones tras la pandemia, la previsión es un caos en terminales como Barcelona-El Prat, París-CDG o Ámsterdam-Schiphol.
Los operadores piden que la flexibilidad se alargue «toda la temporada de verano de 2026» y, si la cosa no mejora, también el invierno siguiente. La petición es un SOS sin eufemismos: la infraestructura no está lista y los Estados miembro han desplegado la app de preinscripción con la lentitud de un vuelo retrasado. Solo Suecia y Portugal la usan; el resto aún navega en modo pruebas.
¿Los cuellos de botella? Escasez crónica de policías de frontera, quioscos de autoservicio que se cuelgan, puertas automatizadas que rechazan huellas y un sistema central que, según los técnicos, se bloquea cuando más falta hace. La UE prometió reforzar la seguridad sin dañar el flujo; la realidad es la cola interminable antes de recoger la maleta.
Bruselas ahora tiene dos opciones: ceder y aceptar un verano de excepciones, o mantener la fecha y arriesgarse a convertir los terminales en ring de boxeo entre pasajeros exhaustos y personal desbordado. La historia que nadie cuenta es que el EES ya ha costado millones y nadie quiere aparecer como el responsable de paralizar la puerta de entrada al mercado único. Mientras, las reservas siguen creciendo y los relojes, ticking, no perdonan.
