El hombre que le dio gas a albanesi aterriza en camuzzi con misión de expansión

Sebastián Sánchez Ramos no llega para administrar: llega para multiplicar. El ex director ejecutivo de Albanesi, que durante 17 años diseñó la trama invisible que lleva el gas natural a las turbinas que iluminan la Argentina, asume la gerencia general de Camuzzi Energía con una hoja de ruta que ya genera roce en las oficinas de Puerto Madero: duplicar la cartera de clientes en 36 meses.

La noticia circuló en círculos cerrados la semana pasada, pero el movimiento arrancó en marzo, cuando el holding italiano le pidió a Sánchez Ramos que repitiera la fórmula que ya funcionó en la pampa energética: transformar la logística de gas en un negocio de servicios de alto valor. En Albanesi logró que 42 centrales eléctricas abastecieran sin interrupción durante la crisis de 2019. Ahora apunta a que 500 industrias sin cañería accedan a Gas Natural Comprimido (GNC) con estaciones móviles que se instalan en 48 horas.

El negocio oculto que nadie midió

Camuzzi Energía no es la típica distribuidora que le llega al vecino. Nació en 2011 como un brazo logístico para que los grandes usuarios no dependan de la red de Transportadora de Gas del Norte. Su truco: camiones cisterna con compresores de 3.500 HP que funcionan como plantas virtuales de suministro. Hoy abastece a 120 clientes; la meta de Sánchez Ramos es 300 antes de que termine el invierno.

Lo que llama la atención es el margen. Según balances privados a los que accedió este cronista, cada estación móvil de GNC genera un EBITDA del 38 %, cuatro veces la media del sector. El secreto está en los contratos “take or pay” que facturan un fijo mensual, aun si el cliente no consume un solo metro cúbico. Ahora el ex directivo de Metrogas quiere repetir el modelo en el corredor petroquímico de Bahía Blanca, donde YPF necesita gas para sus térmicas y no tiene cañería directa.

La interna que desató el nombramiento

La interna que desató el nombramiento

En el Grupo Camuzzi hay dos escuelas: la de los italianos que apuestan a redes tradicionales y la de los argentinos que promueven soluciones off-grid. Sánchez Ramos llega respaldado por Milazzo –el accionista principal– que ya probó su efectividad cuando le vendió gas a Sicma, la empresa que hoy le factura a Cammesa u$s 120 M anuales. La resistencia interna la lidera el área de distribución de Camuzzi Gas del Sur, que ve cómo u$s 50 M de inversiones se desvían hacia el nuevo jugador.

El ejecutivo lo sabe y ya presentó su primer gancho: una planta de liquefacción en Bahía que convertirá gas de Vaca Muerta en GNL para camiones. El proyecto, que demandará u$s 80 M, le permitirá a Camuzzi Energía saltar de los 1,5 MMm³/d actuales a 4 MMm³/d en 2026. La obra ya tiene pre aprobación del Banco ICBC y un contrato preliminar con la automotriz que más crece en el país.

El timing es clave: con el gasoducto Néstor Kirchner recién en etapa de pruebas y el GNL local cotizando u$s 8 por millón de BTU, el margen para el que sepa moverse fuera de la red es de u$s 3 por cada millón de BTU vendido. Sánchez Ramos ya hizo la cuenta: si logra colocar 1 MMm³/d extra, la ganancia neta anual ronda los u$s 25 M. O, dicho en criollo, el sueldo de toda la estructura de Camuzzi Energía cubierto en 14 meses.

El lunes arranca su primera gira: Neuquén, Bahía Blanca y Rosario. Lleva en la valija tres contratos listos para firmar y una hoja Excel que ya se filtró en los pasillos: quiere 70 % de clientes nuevos antes de fin de año. Si logra la mitad, el mercado de gas off-grid argentino dejará de ser un nicho para convertirse en la gallina de los huevos de oro que nadie supo ver. Y Sánchez Ramos, otra vez, habrá facturado antes de que el resto entendiera el negocio.