El juez martínez de giorgi desarma el caso escobar y deja a la familia libre de cargos
La mancha de lavado que pesaba sobre la viuda de Pablo escobar, su hijo y el ex Boca Chicho Serna se desvanece con una firma. El juez federal Marcelo Martínez de Giorgi acaba de declarar nula la causa más escandalosa que vinculaba al clan colombiano con Argentina, y el expediente se derrumba como un castillo de naipes mojado.
La falla que hizo trizas diez años de investigación
El punto de quiebre es una videoconferencia desde Miami en junio de 2019. Allí, José Bayron Piedrahita Ceballos, el número tres del cartel de Cali, apuntó contra María Isabel Santos Caballero, su hijo Juan Sebastián Marroquín Santos y Mauricio Serna. Pero Martínez de Giorgi descubrió que los fiscales argentinos no tenían permiso para interrogarlo; sólo podían «entrevistarlo». La diferencia parece un juego de palabras, pero en Derecho Penal es un abismo: sin autorización internacional, la indagatoria es papel mojado.
La resolución de 92 páginas destila ironía: «Ni el consentimiento del imputado pudo suplir los vicios formales y diplomáticos». Traducción: la promesa de oro que Piedrahita les hizo a los fiscales —acciones por casi cuatro millones de dólares y un edificio de Pilar que terminó siendo centro COVID— vale menos que el toner de la impresora.

El pacto del arrepentido que nunca existió
El fallo también fulmina la «ley del arrepentido» que tanto celebraban en la Procuraduría. Los videos fragmentados, las transcripciones hechas después y la ausencia de controles hacen agua. El resultado: la condena de cinco años a Piedrahita queda en la nada y el Estado debe devolver el inmueble. La UIF, que había pedido elevar a juicio a todo el grupo, ahora sostiene un acusatorio sin piso.
Para Mateo Corvo Dolcet, el empresario que aparece como testaferro, la noticia es un balde de agua fría: el decomiso de sus bienes se sostiene sobre pruebas que ya no valen. Los fiscales ya preparan el recurso, pero el daño está hecho. La foto de los tres acusados —la viuda de escobar, su hijo y el ex volante de Boca— saldrá mañana en tapa de todos los diarios con la misma frase: «sobreséidos».
Lo que nadie cuenta es que, en los pasillos de Comodoro Py, ya circula otro nombre: el del próximo colaborador que podría estrellarse contra el muro de la burocracia internacional. La moraleja es una sola: en la Argentina, la justicia por la vía rápida sólo funciona cuando el papel está bien sellado.
