El kospi se desploma y corea del sur teme el contagio de una guerra comercial que no cesa
La bolsa de Seúl abrió este lunes con un grito de socorro: el KOSPI se hundió un 5,18 % en los primeros minutos y se instaló en 5.156 puntos, su peor arranque de semana desde la crisis de 2022. La sangría ya lleva tres sesiones consecutivas y acumula un descenso del 4,6 % en los últimos siete días. La luz roja parpadea a 18 % por debajo del máximo anual, marcado en enero, y los operadores no hallan suelo.
El chip coreano se resiente ante el temor de aranceles
El motivo no es un informe macro ni una mala cifra de beneficios. Es el rumor que circula por los despachos de Seún: Washington prepara un nuevo paquete de aranceles para los semiconductores fabricados fuera de EE.UU. Corea, que exporta el 60 % de sus chips a China y a su vez abastece a Apple y Nvidia, se queda en medio del fuego cruzado. El resultado: ventas masivas de Samsung Electronics y SK Hynix, que arrastran al índice con ellas.
La secuencia es brutal. El viernes, el KOSPI ya cedió un 2,1 %. El domingo, los futuros sobre el Nasdaq cayeron en la sesión asiática. Y este lunes, los algoritmos de venta se disparon cuando el won cruzó los 1.390 por dólar. El Banco de Corea intervino, pero la intervención duró lo que un suspiro. El won sigue depreciándose y los inversores fugan hacia el yen y al franco suizo.

El fantasma del 2022 regresa a los mercados emergentes
En agosto de 2022 el KOSPI tocó mínimos de dos años por la misma razón: temor a una guerra comercial que recorta la demanda de tecnología. La curva de caída actual reproduce el mismo patrón, solo que ahora el daño colateral es mayor. Corea exporta menos a China (–12 % interanual) y la brecha de tipos con la Reserva Federal sigue abierta. El diferencial de 10 años entre bonos coreanos y treasuries raya el máximo de 15 años; el flujo de capitales sale por la puerta grande.
En los pasillos de Hyundai Securities nadie se atreve a citar un soporte técnico. El 4.309 del pasado octubre parece lejano, pero si la Fed mantiene el “higher for longer” y la Casa Blanca endurece el CHIPS Act, los 5.000 puntos pueden convertirse en papel mojado. El promedio de volatilidad implícita del KOSPI ha saltado del 18 al 26 % en dos semanas. Traducción: el mercado descuenta movimientos de dos dígitos sin saber si serán al alza o a la baja.
El cierre de este lunes dejará un episodio más en la crónica de un año que, para los analistas de Seúl, ya huele a 2008. La diferencia es que en 2008 había un Lehman que quebraba. Ahora la grieta es geopolítica y nadie sabe dónde termina. El KOSPI, eso sí, ya firmó su peor marzo desde la pandemia: –7,4 % en 20 días. La prima de riesgo de Corea sube, el won cae y los fondos de pensiones coreanos acaban de cargar en sus carteras la mayor proporción de efectivo desde 2011. No buscan rentabilidad; buscan supervivencia. La historia, para variar, se repite antes de que aprendamos la lección.
