El kremlin niega una movilización masiva que ucrania ya da por hecha

Moscú asegura que no prepara un nuevo llamamiento a filas. La realidad en el frente, con hasta 35.000 bajas mensuales según Zelenski, grita lo contrario.

La negativa que nadie en kiev cree

Dimitri Peskov lo zanjó en una frase: «Este tema no está en la agenda». La respuesta, breve y glacial, llegó tras la alarma que había lanzado el presidente finlandés, Alexander Stubb, sobre una supuesta movilización general rusa para reemplazar soldados caídos y lanzar una ofensiva primaveral. Europa entera retuvo la respiración. El Kremlin, sin embargo, sigue la vieja táctica de desmentir lo que sus propios movimientos delatan.

La cifra habla por sí sola: 409.000 nuevos reclutas, según los servicios de inteligencia ucranianos. Desde mediados de marzo, los trenes de Moscú a Rostov viajan llenos de jóvenes con uniforme nuevo y cara de pocos amigos. En Nizhny Novgorod, los puntos de reclutamiento abren a las siete de la mañana y cierran cuando se agotan las fichas. En Moscú, no se toca. La capital sigue siendo una burbuja de iPhones y cafés caros mientras el interior del país entrega hijos a cambio de bonos que no alcanzan para un Lada.

Volodimir Zelenski, en su entrevista con Le Monde, desglosó la cuenta: entre 30.000 y 35.000 rusos caen o quedan fuera de combate cada mes. «No puede mantener el ritmo», sentenció. La frase resume la guerra de desgaste que se libra a 1.000 kilómetros de Kiev: Rusia pierde más gente en cuatro semanas que el ejército francés en ocho años de Mali.

El reclutamiento que no se llama reclutamiento

El reclutamiento que no se llama reclutamiento

En las estepas de Siberia, los jefes de distrito convocan asambleas en polideportivos destartalados. No hablan de movilización; hablan de «contratos patrióticos». Firmas, sellos, un sobre marrón con 200.000 rublos dentro. El truco legal: un decreto presidencial silencioso que permite al Ministerio de Defensa incorporar hasta un millón de hombres sin decretar el estado de guerra. Así se evita la palabra tabú que hace temblar a las clases medias de San Petersburgo.

El resultado es un ejército cada vez más rural, más pobre y más borracho. Los instructores del campamento de Tólskoye, cerca de la frontera kazaja, cuentan entre copas de samogon que el 60 % de los nuevos reclutas nunca había salido de su región. El test de aptitud física consiste en levantar una caja de munición de 20 kg y correr 100 metros sin vomitar. Muchos no pasan, pero firmar igual. El miedo al desempleo es más fuerte que el miedo a la muerte.

En Ucrania, los drones de reconocimiento graban columnas de camiones Ural llegando de noche a la línea del frente. Bajan hombres con abrigos de lana gris, sin chalecos antibalas, sin mapas. Los veteranos ucranianos los llaman «carne de cañón de otoño». La primavera, advierte el estado mayor de Kiev, traerá otra oleada. Pase lo que pase en los despachos del Kremlin.