El levante aterra en anoeta: solo 2 victorias en 13 visitas y la última ya huele a nostalgia
El sábado el Levante aterrizará de nuevo en Donostia con la mochila cargada de números que hielan la sangre: 13 viajes a Primera, 11 sin ganar y la última alegría fechada en noviembre de 2019, cuando Bardhi y Mayoral desataron la locura en la grada visitante.

Una sequía que empieza a parecer crónica
Desde aquel 1-2 el mundo ha dado tres vueltas de tuerca: la pandemia, la guerra, la inflación y hasta la revolución del fútbol con el VAR. El Levante, sin embargo, sigue atascado en la misma pesadilla. Las dos últimas salidas a Anoeta acabaron en derrota y el equipo que saltó al césped en mayo de 2022 —Cárdenas, Miramón, Vezo, Duarte, Clerc— ya es casi una foto de carnet de despedida.
La Real, mientras, ha cambiado el chip: ni Isak ni Oyarzabal aquel día fueron capaces de desatascar el choque hasta el 1-0 final. Ahora Silva ha colgado las botas, Merino cotiza en la Premier y el nuevo plan de Imanol Alguacil pasa por un 4-2-3-1 que presiona arriba y deja los laterales colgando como dos banderines. El Levante, que en Segunda firma como visitante el segundo mejor registro, necesita romper el maleficio o el playoff se le volverá una quimera.
El dato que duele: sólo Barkero, de penalti, Xavi Torres y Koné lograron cantar victoria en la temporada 2011-12. Doce años después, la plantilla apenas comparte ADN con aquel equipo. La pregunta ya no es táctica, es psicológica: ¿cómo se le explica a un vestuario que su estadio más temido es precisamente el que mejor le sienta a la Real?
En Valencia cuentan que Mehdi Tahar, analista del club, ha desenterrado 27 acciones de balón parado que la Real concedió en los últimos seis partidos. El plan pasa por ahí: estrangular la salida de Zubimendi, forzar faltas laterales y que Robert Navarro rece de espaldas. Si el balón cruza la línea de gol, la estadística dejará de ser una losa para convertirse en el primer punto de inflexión de la recta final.
El sábado, a las 16:15, el reloj de Anoeta marcará otra vez el minuto 0. Para el Levante, sin embargo, el partido empieza mucho antes: en la cabeza de cada jugador que aún no ha ganado en Donostia. Allí, donde la hierba parece más larga y la grada más alta, la historia aguarda un capítulo nuevo. O la misma vieja pesadilla.