El mar rojo vuelve a arder: los hutíes reactivan la guerra naval tras la tregua de gaza

La noche del sábado, mientras Europa dormía, los misiles hutíes volvieron a surcar el cielo de Yemen. La misión naval europea EUNAVFOR ASPIDES lo advirtió en un mensaje cifrado a armadores y aseguradoras: la tregua roja ha muerto. Desde septiembre de 2025 no se registraba un ataque contra buques mercantes en el mar Rojo; el alto el fuego en Gaza había convertido el estratégico canal en un lago de espejo. Ahora, la imagen se rompe.

El 12 % del comercio mundial se tambalea de nuevo

El 12 % del comercio mundial se tambalea de nuevo

La vía que une Asia, Europa y África por el estrecho de Bab el-Mandeb transporta cada año 1,2 billones de dólares en mercancías. Un solo día de cierre obliga a desviar petroleos, contenedores y cereales por el Cabo de Buena Esperanza: 3.000 millones extras en costes y dos semanas de retraso. La última vez que los hutíes apretaron el gatillo, el precio del crudo Brent subió 4 dólares en 48 horas. Esta vez el mercado aún no ha reaccionado; los algoritmos esperan.

La amenanza, según ASPIDES, es “media” para barcos sin bandera israelí o estadounidense, pero se dispara a “alta” para los que la ondeen. La razón es otra guerra que apenas sale en titulares: desde el 28 de febrero, Irán y el tandem Israel-EE.UU. se disparan drones y bloquean el estrecho de Ormuz. El 20 % del petróleo mundial pasa por esa arteria; si se suma el cuello yemení, el mundo se queda sin dos cuerdas de su propia cuerda de salvamento.

Los hutíes no lo hacen solos. Detrás hay instructores iraníes, misiles de repuesto y una calculadora geopolítica: Teherán necesita desviar la atención de Ormuz y recalentar el precio del crudo para financiar su guerra. El Pentágono ya ha despachado un portaaviones; la UE, tres fragatas. Pero los cascos negros de ASPIDES admiten en privado que la cobertura solo alcanza para proteger al 30 % del tráfico. El resto navega a ciegas.

En Génova, Londres y Singapur, los departamentos de seguros marítimos reabrieron anoche las pizarras. La prima de riesgo por pasar por el Roja se triplicó antes de que amaneciera en Europa. Un armador griego que acarrea grano egipcio a Bombay me cuenta por WhatsApp que ya busca fletes alternativos: “Si me toca desviarme otra vez por África, se me va el margen. Pero si me hunden el barco, me voy al fondo”. Lo que nadie cuenta es que la tripulación filipina que subió al Maersk Gibraltar la semana pasada ignora que su ruta puede convertirse en blanco.

La última vez que los hutíes tomaron el mar, el comercio mundial tardó seis meses en recomponerse. Ahora, con la guerra de Irán en paralelo, la vulnerabilidad es doble. El Consejo de Seguridad se reunirá el jueves; mientras tanto, los barcos que zarpan hoy desde Jeddah hacia Suez incluyen en su plan de vuelo una sola palabra: “precaución”. La vía que une tres continentes vuelve a ser un tablero de ajedrez donde los peones son contenedores y los reyes, misiles.