El mar se atraganta con la costa verde y el callao pierde su arteria vital
La furia del Pacífico ha convertido la vía costera más fotogénica de Lima en un corredor de escombros y asfalto resquebrajado. A menos de cuatro años de su inauguración, la Costa Verde amanece cortada entre el Callao y Chucuito: 5 km de asfalto que ya no sostienen ni la arena arrastrada por los oleajes anómalos que la Marina predijo para Semana Santa.
El aviso llegó el fin de semana: del 31 de marzo al 5 de abril el litoral peruano sería un tambor batido por ondas de hasta 2,5 m de altura. Pocos imaginaron que el primer tamborazo destrozaría la contención de la Costa Verde, dejando expuesto el hueso de una obra que nació con fanfarria y murió sin mantenimiento.
La promesa que se llevó el mar
El proyecto —inaugurado en 2022— prometía unir la capital con su aeropuerto en 18 minutos. Hoy, los conductores varados en la cola de Chucuito miden el tiempo en horas y en piedras. Las olas no solo arrancaron segmentos del muro de contención; arrastraron la poca vergüenza que quedaba: falta de barandas, drenajes obstruidos y taludes sin geotextil que ayer parecían detalles y hoy son grietas que tragan neumáticos.
El INDECI no se anduvo con eufemismos: «Suspendan actividades portuarias y recreativas». La orden suena a epitafio en un distrito donde la economía vive del paseo costero y del pescado que llega a sus caletas. Mientras tanto, el COEN reparte mapas de riesgo que parecen constancias de defunción: Tumbes, Salaverry, Chimbote, San Juan de Marcona, Tacna. Todo el litoral, pintado de rojo.

El callao pide que le devuelvan su calle
La Municipalidad Provincial ya formalizó el pedido: que el Gobierno Regional le devuelva la vía. La lógica es brutal: si la Costa Verde se va a hundir, que al menos la responsabilidad no se hunda con ella. El alcalde pide «transferencia inmediata» para poder «ejecutar obras estructurales». Traducción: necesita plata para reparar lo que nadie reparó antes de que las olas lo hicieran gratis.
El cierre paraliza 40 000 vehículos diarios que ahora se desvían por la Panamericana, saturando un anillo urbano que ya respiraba con dificultad. La foto del día es la de un camión de carga atascado entre cantos rodados y un semáforo apagado: la metáfora de un país que no decide si es costa o carretera.
La Semana Santa de 2026 arranca con el mar de protagonista y la política de espectadora. Los salvavidas retiran lonas de playa mientras los alcaldes retiran responsabilidades. En la línea de rompiente, un pescador resume el desencanto: «El mar avisa cuando se cansa; los políticos, no». El oleaje bajará el viernes 3, pero la marea de reclamos apenas empieza a subir.