El mar se vuelve trampa: corrientes de retorno acechan a bañistas en semana santa

Las playas salvadoreñas lucen apacibles, pero una fisura invisible acecha bajo la superficie. El MARN avisa: corrientes de retorno capaces de arrastrar a un adulto 50 metros mar adentro en menos de un minuto circularán este fin de semana, impulsadas por el perigeo lunar y vientos de 28 km/h.

La marea invisible que nadie percibe

El fenómeno no se ve. No produce olas gigantes ni espuma alarmante. Se manifiesta como un canal de agua más oscua, casi imperceptible, que fluye en dirección contraria a la rompiente. Ahí reside su letalidad: el bañista confía en la calma aparente y avanza unos pasos, sin notar que la corriente ya lo tiene sujeto por los tobillos. En segundos, el cuerpo flota, pero hacia afuera. El salvavidas Gustavo Alvarenga lo resume con crudeza: «Parece que el mar abre una puerta y te empuja».

El MARN ubicó los puntos críticos: La Libertad, el Puerto de Acajutla, Los Cóbanos y las desembocaduras de los ríos Lempa y Jiboa. En esos tramos, la topografía crea trampas naturales: canales de arena, espigones de roca y muelles que desvían el flujo y aceleran la corriente. La alerta técnica indica oleaje de 1,1 a 1,4 m y mareas de 3,2 m, valores que suenan modestos hasta que uno recuerda que la fuerza de arrastre crece con el cuadrado de la velocidad.

La luna se acerca y el riesgo crece

La luna se acerca y el riesgo crece

Cada 27,3 días la Luna pasa lo más cerca de la Tierra: el perigeo. Este sábado esa cercanía coincide con el inicio del cuarto creciente. El efecto: mareas más altas y corrientes de retorno más intensas. La combinación, según el oceanógrafo Héctor Urbina, «es como pisar el acelerador y el freno al mismo tiempo; el agua entra con fuerza y sale con más».

El MARN desplegó 120 socorristas adicionales y activó el sistema de bandas rojas en 18 playas. La instrucción es clara: si te arrastra, nada paralelo a la costa, nunca contra la corriente. Pero el protocolo choca con el pánico. El año pasado, 14 personas fueron rescatadas en El Tunco; tres ingresaron en estado crítico por inhalación de agua salada. Ninguna víctima sabía nadar en perpendicular.

La lección sale a cuenta: una corriente de retorno promedio fluye a 1 m/s, la velocidad de un humano trotando. El nadador común alcanza 0,6 m/s. Hacerlo hacia la orilla es perder la batalla antes de empezar.

La playa que parece segura también mata

La playa que parece segura también mata

El error más común: confiar en la ausencia de olas. Las corrientes de retorno se forman precisamente cuando el oleaje es moderado. La energía que no se disipa en espuma se canaliza hacia el mar en un chorro subsuperficial. Por eso el MARN insiste: «No hay playa segura sin bandera verde». La recomendación oficial es consultar el boletín diario en @MARN_SV y, sobre todo, elegir playas con vigilancia activa.

El sábado pasado, en Los Cóbanos, un grupo de surfistas denunció la falta de señalización. La respuesta del cantón: «No tenemos presupuesto para boyas». La ironía: un salvavidas cuesta menos que una ambulancia marítima. La vida, en la escala municipal, vale 40 USD diarios, el sueldo de un guardia temporal.

La temporada alta empieza hoy. Se esperan 1,8 millones de visitantes costeros. La probabilidad estadística de incidentes crece con el número de tobillos en el agua. El MARN calcula que, sin medidas, los rescates podrían superar los 80 este año. Con campaña y refuerzo, la cifra se reduce a la mitad. La diferencia: un cartel, una bandera y un salvavidas que no mira el celular.

La frase que queda, esta noche, en la pizarra del puesto de El Zonte: «El mar no perdona la confianza, solo respeta la precaución». La luna sigue acercándose y, con ella, la trampa invisible. El bañista decide: nadar cerca del salvavidas o convertirse en estadística del oleaje domingo por la tarde.