El mirandés se juega la vida ante un albacete que sueña con el playoff
La permanencia empieza a oler a sudor en Miranda de Ebro. El Anduva abre la jornada este domingo a las 19:00 con un duelo que sabe a trámite de alta tensión: el Mirandés recibe al Albacete con el orgullo herido tras el empate en Córdoba y la necesidad de sumar de tres en tres para no mirar hacia abajo. El rival, undécimo con 43 puntos, flota en la zona templada, pero a ocho del playoff. Ahí reside la ironía: para los locales, la salvación; para los visitantes, la ilusión.
Muneta aprieta el acelerador antes de que sea tarde
Antxon Muneta no quiere esperar al minuto 85 para descubrir si su equipo tiene carácter. «Ambición desde el calentamiento», ha repetido en la sala de prensa de Lezama Dominico, con la voz ronca tras dos partidos en cinco días. El técnico rojillo ha desmontado la teoría del pasotismo en el nuevo Arcángel: «El problema fue el desgaste, no la actitud». La evidencia se llama Unax, el adolescente que llegó del filial y ya ha cambiado dos puntos por seis. Su irrupción es el parche emocional de una plantilla que recupera a Ali Houary, recién llegado de Marruecos, y que aún cojea por las bajas de Juan Gutiérrez y Medrano.
El once que maneja el staff incluye a Juanpa bajo palos, la zaga de Tamarit y Cabello, y la referencia ofensiva de Carlos Fernández, que necesita romper su sequía de seis jornadas para que el Anduva deje de ser un estadio de horrores. El dato espeluznante: el Mirandés ha encajado en los últimos quince minutos de sus últimos cuatro partidos. Minimizar errores es el nuevo mantra.

El albacete aterriza con la melena al viento
Del otro lado, Alberto González afronta el envite con la convicción de quien ha probado el sabor de la victoria lejana. Los blancos suman cinco jornadas invictos y en Castellón rozaron la épica: un 1-1 que sabe poco tras mandar en el marcador y en el juego. La enfermería está llena —Mariño, Agus Medina, Javi Villar, Valverde, Higinio y Cedeña— pero los refuerzos invernales han devuelto la competitividad a un vestuario que, en enero, parecía muerto. Lizoain ocupará la portería, Gámez regresa tras sanción y Lazo, con cuatro asistencias en los últimos seis partidos, se ha convertido en el termómetro del equipo.
El Albacete no domina la posesión —ninguno de los dos equipos supera el 48 % de media— pero ambos se entienden en la transición vertiginosa. El choque, por tanto, no será un monólogo de toques, sino un tiroteo de errores aprovechados. El que falle menos, ganará.
El árbitro que decide y la grada que empuja
Alonso de Ena, colegiado aragonés con cuatro penales pitados esta temporada, debuta en Anduva esta campaña. Su última visita a Miranda terminó con tres expulsados y un VAR que trabajó horas extra. La grada, que ha visto caer al equipo en tres de sus últimos cuatro partidos como local, necesita creer. El estadio de cinco mil almas acecha el silencio del vestuario: si el balón no entra pronto, la ansiedad puede convertirse en el décimo hombre contrario.
El domingo, cuando el sol se esconda tras las cuestas de Burgos, el Mirandés sabrá si sigue con vida o entra en la UVI. El Albacete, si puede soñar en mayo. El fútbol, como siempre, no admite empates sentimentales.