El museo de américa despliega un arsenal trans para frenar la ola de odio

Mientras el Congreso debate la ley trans y la calle se bifurca entre gritos y silencios, el Museo de América ha decidido abrir fuego desde otra trinchera: la memoria. Este martes, con la presentación del ciclo Memoria, arte y diversidad trans, la institución ha puesto en marcha la contraofensiva cultural más ambiciosa del Estado en defensa de las personas trans. No se trata de una muestra más. Es un acto de guerra simbólica contra quienes niegan la existencia de cuerpos y historias.

El ministerio que también es trans

Lo que nadie cuenta es que detrás de la exposición hay tres ministerios que han blindado el proyecto con presupuesto y rango político. Mercedes Roldán, subdirectora de Museos Estatales, ha sido la encargada de leer la sentencia: «Los museos no solo conservan la memoria, también la construyen». Julio del Valle, desde la Secretaría de Igualdad, ha cargado las tintas contra la extrema derecha: «Quieren borrar a las personas trans de los discursos públicos». Y Miguel González, subsecretario de Transición Ecológica, ha cerrado el círculo con una frase que ya se comenta en los pasillos de Moncloa: «Somos un ministerio trans porque la transición es valentía».

La jugada es clara: si el Gobierno no puede evitar que la reforma de la ley trans se quede a medio camino, al menos puede ocupar la cultura para sedimentar la narrativa oficial. El Museo de América, con su colección de arte virreinal y sus vitrinas de conquistadores, se convierte en el lugar más insospechado para hablar de cuerpos disidentes. El contraste es el mensaje.

Nación trans: retratos de una guerra cotidiana

Nación trans: retratos de una guerra cotidiana

El 9 de abril se inaugura Nación trans: pobreza de género, la exposición que articula todo el programa. El fotógrafo Antonio López Díaz ha retratado a 18 mujeres trans de América Latina que sobreviven entre la precariedad y la violencia. No hay pose heroina. Hay cocinas compartidas, camas sin sábanas, ojos que no piden perdón. López Díaz, que lleva 30 años documentando la región, resume la pieza en una frase que duele: «La transición no es solo de género, es de vida».

La muestra se completa con cuatro mesas redondas que reunirán a antropólogos de la Complutense y activistas que aún arrastran cicatrices de cuchillo. Se hablará de resistencia creativa, de memoria, de representación. Pero también se hablará de dinero: de cómo la falta de ingresos obliga a muchas a migrar sin papeles y a sobreviviir del trabajo sexual. El Museo calcula que cada acta de las jornadas será un documento académico citado durante años. El objetivo es que cuando alguien busque «trans + América + pobreza» en Google, aparezca esta página antes que cualquier discurso de odio.

La calculadora del Ministerio de Igualdad estima que el programa alcanzará a 35.000 visitantes presenciales y a 250.000 digitales. La cifra habla por sí sola: es la misma cantidad de firmas que congregó la manifestación contra la ley trans en Colón hace dos años. Esta vez, la batalla se libra con luz tenue y aforo controlado. El Museo ha aprendido que la cultura también es un arma de desgaste. Y que, a veces, una foto mal iluminada puede derribar más prejuicios que un discurso de investidura.