El nimitz ronda panamá: un coloso nuclear que ya huele a despedida

El USS Nimitz no atracó; se instaló. A 45 minutos del puerto de Amador, su silueta de 333 metros corta el horizonte como un acantilado de acero y secretos. Dentro lleva 6 000 marinos, 90 cazas y un reloj interno que marca 2027: el año en que la Armada de EE.UU. le apagará los reactores para siempre. Mientras tanto, flota en aguas panameñas, impávido, como quien se toma una última selfie antes del retiro.

Un gigante que no cabe en su propio canal

La ironía es demasiado obvia: el Nimitz, símbolo de la proyección naval estadounidense, no puede cruzar el Canal que Washington desenterró hace más de un siglo. Su calado de 11,3 metros y su desplazamiento de 100 000 toneladas lo inhabilitan. Así que espera afuera, como un invitado famoso al que la puerta le queda chica. El mensaje, sin embargo, ya entró: Estados Unidos sigue siendo el dueño del espacio que cuenta.

La escena se repite por primera vez desde 1973, cuando otro portaaviones nuclear —el Enterprise— dejó su huella radiactiva en el Pacífico panameño. Cinco décadas después, el guión cambia: Beijing ya no opera los terminales de contenedores y Donald Trump guarda silencio en Florida. En su lugar, el ministro Frank Ábrego habla de “confianza y respeto mutuo” mientras el contraalmirante Norman Cassi sonrige con la mandíbula cuadrada de quien sabe que, pase lo que pase, el 70 % del comercio que cruza el istmo aún lleva bandera estadounidense.

El adiós empieza en el sur

El adiós empieza en el sur

El Nimitz no vino solo. El destructor Gridley lo escolta con sus misiles SM-3 y un radar que detecta pelotas de golf a 500 kilómetros. Juntos forman una convoy que recitará el rosario de los aliados: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, México, El Salvador, Guatemala, Uruguay. El ejercicio “Mares del Sur 2026” suena a banda sonada de Netflix, pero su guion es viejo: contener influencias, vender armas, sellar alianzas.

La travesía final del Nimitz incluirá el Estrecho de Magallanes, ese corte de agua helada donde la Armada chilana ya prepara simulacros de guerra antisubmarina. Después, Brasil recibirá su cuota de fotos para campaña y Jamaica cerrará el círculo caribeño. Para entonces, el portaaviones habrá quemado el último cuarto de siglo de vida útil de sus reactores A4W. La cuenta regresiva corre igual que el crudo que alimenta sus calderas: 1,5 millones de litros cada día de operación.

En la cubierta 4, un marinso de 22 años de Arkansas sube a Instagram una historia desde el “island” —la torre de mando— con el hashtag #LastDeployment. Abajo, en la sala de máquinas, un jefe mecánico de Brooklyn revisa por enésima vez los indicadores de radiación. Ambos saben que, cuando el Nimitz regrese a Bremerton en 2027, se convertirá en chatarra nuclear y en pagina 12 de los manuales de historia naval. Mientras tanto, Panamá le presta el mar. Es un préstamo que dura exactamente 72 horas y que, como todo en geopolítica, se cobra con intereses que nadie ha firmado.