El niño devasta la pesca andina: ¿un cambio radical para la economía?

El Perú se enfrenta a una nueva y devastadora ola del fenómeno El Niño, que amenaza con desmantelar la base de su economía pesquera y dejar miles de familias en la calle. La suspensión temporal de la primera temporada de pesca de anchoveta en la zona norte-centro es mucho más que una medida preventiva: es una declaración de emergencia.

La cuota histórica, un recordatorio amargo

La cuota histórica, un recordatorio amargo

El Ministerio de la Producción ha fijado una cuota máxima de 1,9 millones de toneladas, la más baja en una década, una cifra que refleja la gravedad de la situación. Solo se avanzó un 25% de la pesca antes de la suspensión, un dato que habla por sí solo de la precariedad de las condiciones oceánicas. El Comunicado ENFEN N° 11-2026 confirma que El Niño Costero se prolongará hasta el verano de 2027, con un riesgo significativo de intensificación entre junio y septiembre, y una amenaza persistente hasta diciembre. Las temperaturas, ya altísimas, alterarán radicalmente la distribución de la anchoveta, un recurso vital.

Pero la noticia no es solo sobre la pesca de la anchoveta. El Niño se extiende, afectando la agricultura con lluvias torrenciales y calor extremo, la ganadería con la escasez de insumos derivados del pescado y la infraestructura portuaria, que se ve amenazada por oleajes anómalos. Es un golpe transversal a la economía nacional, un recordatorio brutal de la fragilidad de nuestros sistemas.

La Sociedad Nacional de Pesquería (SNP) advierte que esta medida podría implicar una pérdida del 1,5% del Producto Interno Bruto, un impacto directo en las divisas y en la seguridad laboral de más de 250.000 empleos. Sin embargo, mientras la industria se tambalea, la flota artesanal emerge con una inesperada oportunidad: la abundancia de especies como el atún, el perico y el bonito. Un contraste doloroso, pero una realidad que exige una respuesta inteligente.

El problema fundamental reside en la deficiencia de la cadena de frío, que impide que los productos de alto valor lleguen a mercados internacionales. La inversión en plantas de refrigeración y una logística eficiente son cruciales para aprovechar esta oportunidad. De no hacerlo, la abundancia se convertirá en una pérdida, una ironía amarga para un país rico en recursos.

El Niño no distingue entre pescadores industriales y artesanos, entre grandes empresas y pequeños pescadores. Afecta a toda la cadena productiva, desde la captura hasta el consumidor final. La clave está en la colaboración: el Estado y el sector privado deben trabajar juntos para transformar esta crisis en un motor de desarrollo sostenible. La pesca artesanal, con sus oportunidades de diversificación, podría convertirse en un pilar fundamental de la seguridad alimentaria y el crecimiento regional. Pero para ello, se necesita inversión, capacitación y políticas de apoyo que permitan que esta ventana de oportunidad no se cierre de nuevo.

La realidad es que, mientras la industria se enfrenta a la suspensión de la pesca y la incertidumbre sobre la reapertura, la flota artesanal se beneficia de la abundancia de especies alternativas. No se trata de una competencia, sino de una adaptación. El verdadero desafío es garantizar que esa adaptación se traduzca en un desarrollo sostenible y equitativo para todos. Y es que la sombra del El Niño, con su fuerza implacable, nos recuerda que la naturaleza no perdona errores.