El omxs 30 se escapa de la volatilidad con un alza del 0,92% en plena tormenta global
La Bolsa de Estocolmo respiró este lunes. Mientras los analistas aún contabilizan grietas en los mercados emergentes y el riesgo geopolítico acecha, el índice OMXS 30 cerró con una subida del 0,92% hasta los 2.890,29 puntos, un gesto de rebeldía en medio del vendaval.
La sesión en números fríos
El selectivo sueco tocó techo en 2.902,29 y suelo en 2.844,76, un margen de 1,98% que deja entrever la tensión constante de los operadores. El volumen fue tenue, casi discreto, como si los grandes fondos aún estuvieran de permiso de Semana Santa. A pesar del respiro, el OMXS mantiene un -0,07% en la última semana y se halla un 10,32% por debajo del máximo anual, fijado el 20 de febrero en 3.222,75 puntos.
El 9,42% de ganancia anual sigue ahí, impoluto, pero empieza a parecer un recuerdo lejano. ¿Qué queda del optimismo sueco cuando el Banco Central mantiene el tipo al 3,75% y la inflación en servicios se resiste a bajar del 5%?
Los pesos pesados del índice —Nordea Bank, Atlas Copco y Volvo— arrastraron la jornada hacia el verde con avances moderados. En el lado opuesto, Evolution Gaming sufrió un castigo del -1,4% tras conocerse que la Autoridad de Juego de Suecia estudia endurecer los requisitos de licencias para casinos online.

¿El piso ya lo vimos?
El punto mínimo del año, 2.863,92, fue tocado el pasado 13 de marzo. Desde entonces el índice ha dibujado un suelo ascendente que los técnicos leen con lupa: dos mínimos crecientes y un volumen que, aunque escaso, no se desploma. La línea de 2.840 se ha convertido en el último baluarte para los alcistas; si cae, la próxima zanja está en 2.750, donde se agrupan los stops de los fondos indexados.
Los inversores institucionales —que controlan el 68% del flotante del OMXS— mantienen posiciones cortas récord, según datos de SIX Financial. La apuesta es clara: creen que la recesión técnica en la zona euro terminará arrastrando a Suecia, aunque el PIB sueco aún muestre un crecimiento anual del 0,6%.
El króna, por su parte, se depreció un 0,3% frente al euro durante la sesión, lo que aporta un colchón a las exportadoras del índice. Pero también encarece las importaciones y alimenta la presión sobre el bolsillo doméstico, donde el crédito al consumo ya crece al 4,1% anual.
En los pasillos de Börsen —la antigua bolsa de madera que aún huele a café recién hecho— los veteranos murmuran que “este repunte es un espejismo de primavera”. La frase suena a proverbio nordico: corta, escéptica, inevitable. Tal vez tengan razón. O tal vez el mercado, como el hielo del Baltico, solo esté aguardando la señal exacta para romper hacia nuevos máximos. La próxima semana, cuando el Riksbank desvele sus minutas, sabremos si el deshielo llega o si volvemos a patinar sobre la misma grieta.
