El padre que negoció con escobar: revelaciones sobre su canonización

La sombra de Pablo Escobar, aún latente en la memoria colectiva colombiana, resurge con nuevas luces sobre la figura del Padre Rafael García Herreros, fundador del Minuto de Dios. Más allá de su labor pastoral, se revela un papel clave en las turbias negociaciones de paz entre el narcotráfico y el Estado en los años 80, un capítulo que ahora podría allanar el camino a su canonización.

Un mediador inesperado en el laberinto del cartel de medellín

Un mediador inesperado en el laberinto del cartel de medellín

La reciente declaración del Padre Diego Jaramillo, sucesor de García Herreros, ha sacudido los cimientos de la narrativa oficial. Jaramillo, en diálogo con El Tiempo, reveló que el religioso fue el único testigo, junto a las autoridades, de la entrega de Escobar en 1991. Un detalle que, de confirmarse, redefine la complejidad de esa época convulsa y el alcance de la influencia del Minuto de Dios en la política colombiana.

Pero la revelación no termina ahí. Carlos Lehder, el ingeniero químico del Cartel de Medellín, confesó haber sido visitado por García Herreros en prisión en Estados Unidos. El propósito, según Lehder, era persuadirlo para que colaborara con la justicia. Un acercamiento que, según los testimonios, se extendió a Escobar, a quien el sacerdote intentó convencer de abandonar el narcotráfico antes de su entrega.

La cifra habla por sí sola: Lehder, tras colaborar, testificó contra el propio Escobar y contra Manuel Noriega. Una jugada que, según el exnarcotraficante, le salvó la vida en prisión. “Él me dijo que tuviera fe, porque no podía cambiar mi destino, sino que eso lo haría Dios”, relató Lehder en una entrevista con Rafael Poveda, dejando entrever la magnitud de la influencia del religioso sobre sus decisiones.

Lo que nadie cuenta es la estrategia del Padre García Herreros: no buscar la condena, sino la transformación. Su diálogo con Escobar, según Jaramillo, no se centró en juzgarlo, sino en ofrecerle una salida, una alternativa a la violencia y el narcotráfico. Un intento, quizás desesperado, de alejar al capo de la espiral de muerte que asolaba el país.

Ahora, el Minuto de Dios impulsa la canonización de García Herreros, argumentando que este legado de paz y reconciliación, aunque envuelto en controversia, merece ser reconocido. La documentación solicitada por el Vaticano, según Jaramillo, busca dilucidar las circunstancias de su relación con el narcotráfico y desmentir las “leyendas urbanas” que han rodeado su figura.

Pero la sombra de Escobar persiste. ¿Cómo puede la Iglesia Católica elevar a la santidad a un hombre que interactuó con uno de los criminales más sanguinarios de la historia? La respuesta, quizás, reside en la propia complejidad de la figura del Padre García Herreros: un hombre que, en medio del caos y la violencia, buscó la paz, incluso en los lugares más inesperados.

García Herreros falleció en 1992, sin ver a Colombia en paz, pero su legado, ahora reavivado, plantea preguntas incómodas sobre la responsabilidad social de la Iglesia y la posibilidad de la redención, incluso para aquellos que han caído en la oscuridad.