El papa urge a desarmar las corazas del odio: un llamado a la esperanza desde montserrat
El Papa León XIV ha lanzado un mensaje contundente desde la Abadía de Montserrat, un reproche visceral al odio y una súplica urgente por la esperanza y la paz. En un discurso que fusionó catalán y castellano, la figura religiosa instó a una profunda conversión, a depurar el corazón de las «corazas» que protegen las heridas y el sufrimiento.

La voz de montserrat, un faro de reconciliación
La Moreneta, guardiana de la fe catalana, se erigió como testigo de esta exhortación. El Papa recordó las palabras de Francisco, instando a cultivar el amor en todos los ámbitos, desde la familia hasta las redes sociales, pasando por los debates políticos y las comunidades cristianas. La imagen de Jesús, indefenso en el regazo de su madre, sirvió como un recordatorio constante de la necesidad de unirse.
«Depongamos hoy a sus pies las corazas que han endurecido poco a poco el corazón», declaró con firmeza. El Pontífice desnudó la violencia oculta tras aparentes justificaciones, señalando la crítica humillante, la condena destructiva y la agresividad divisoria. Estos mecanismos de defensa, recalcó, pueden disfrazarse de protección, pero en realidad solo perpetúan el dolor.
León XIV subrayó que la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre son el camino trazado por Jesús. Pero también advirtió sobre la necesidad de reconocerse como hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y la comunión sea la fuerza dominante. Los muros de la abadía, testigos silenciosos de mil años de devoción, custodian no solo alegrías y penas, sino también las voces celestiales de la Escolania.
El abad Manel Gasch agradeció al Papa su ‘testimonio’ a favor de lo humano y la radicalidad de su denuncia de la violencia. La acogida fue unánime: obispos de toda España y representantes de la comunidad catalana se unieron en un abrazo lleno de afecto filial y comunión eclesial. La Moreneta, según Gasch, ‘sonríe permanentemente a todos los que se acercan’. Una invitación a peregrinar hacia la patria celestial, un destino que, según la abadía, se alcanza a través de la oración y el encuentro con la fe.
El obispo Xavier Gómez, de Sant Feliu de Llobregat, cerró la ceremonia con una declaración de bienvenida: “Le acogemos con un abrazo lleno de afecto filial y de comunión eclesial”. Un mensaje resonante que reafirma la importancia de Montserrat como lugar de encuentro y de esperanza. El Papa, al pronunciar versos del ‘Virolai’, dejó una última y potente reflexión: la búsqueda de la paz, un anhelo universal que emerge desde las entrañas de esta sagrada montaña.
