El petróleo revienta los 100 dólares y el mundo contiene la respiración

El barril ha cruzado la barrera psicológica como un misil. En la madrugada asiática, el West Texas tocó los 103,13 dólares y el Brent se plantó en 115,93. La mecha que lo encendió: los hutíes lanzando drones contra Israel desde Yemen por primera vez desde octubre. La primera, no la última.

El estrecho que paraliza al planeta

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Detrás del número redondo hay un cálculo de guerra. El 20% del crudo mundial pasa por Ormuz. Ahora Irán solo deja cruzar a barcos de Pakistán, Tailandia y Malasia. Occidente está de facto bloqueado. Yanbu, el puerto saudí que servía de válvula de escape, ya está al alcance de los misiles hutíes. La vía del Mar Rojo huele a pólvora.

En Macquarie ya barajan 200 dólares por barril si el cierre se prolonga hasta junio. Lo dan un 40% de probabilidades. El diferencial spot-futuro del Brent se ha disparado a 7,58 dólares. Antes del conflicto era cero. El mercado huele desabastecimiento y compra desesperado.

Washington ha desplegado 2.000 marines en aguas cercanas, pero descarta por ahora pisar suelo iraní. La Casa Blanca juega al equilibrio: suficiente fuego para disuadir, insuficiente para encender el Medio Oriente. Mientras, las plantas de aluminio de Emiratos y Bahréin siguen ardiendo tras la lluvia de drones del fin de semana.

La OPEP calla. Riad calcula: cuanto más suba el crudo, antes recupera el dinero que dejó de ingresar cuando el barril bajó a 70. Moscú sonríe: cada dólar de más financia un día más de guerra en Ucrania. Y los hedge funds, que ya venían comprando futuros como locos, ajustan stops y dejan que el precio se autopropulse.

En las mesas de operaciones ya no se habla de si, sino de cuándo tocaremos 130. Y ahí la historia se pone fea: cada 10 dólares de aumento recortan 0,5% del PIB mundial. La recesión aceita sus garras. Mientras tú lees esto, algún algoritmo ha comprado 10.000 contratos de Brent a 116. No lo hace por estrategia; lo hace por miedo.