El petróleo roza los 100 dólares y el bolsillo peruano ya sangra

El galón de gasolina saltó de S/ 16 a S/ 22 en Chorrillos y el balón de GLP tocó los S/ 130 en la cola del último abastecimiento. La causa no es un capricho de los grifos: el barril WTI trepó 35 dólares en tres semanas y la infraestructura nacional aún respira con tubos rotos.

El país importa el 30 % de las gasolinas y el 70 % del diésel. Cuando el viaducto de Cusco se partió, la cadena ya venía tensa; la guerra en Medio Oriente le dio el tirón final. Erick García, ex jefe de hidrocarburos del Ministerio de Energía y Minas, resume la ecuación: «Somos espejo del mercado global, pero con ductos de vidrio».

El gas natural vehicular bajó, pero el pasaje no

El GNV tiene precio regulado y, tras la emergencia, bajó 8 %. Lógico, apenas lo toca la volatilidad internacional. Lo que no bajó fue la tarifa de taxi: los gremios la congelaron en el pico de la crisis y ahora la mantienen, argumentando pérdidas. El Estado les entregó un bono de S/ 120, pero para el pasajero eso ya es agua pasada.

La paradoja se repite en el GLP. El gobierno abrió la aplicación Facilito para que el ciudadano compare precios, pero la diferencia entre grifos puede ser de S/ 80 por balón. La razón: durante el desabastecimiento, el camión particular cobró lo que le dio la gana y el regulador llegó tarde.

La cuenta se pagará en dos semanas, si el crudo da tregua

La cuenta se pagará en dos semanas, si el crudo da tregua

García apuesta a que, si el WTI se estabiliza bajo los 90 dólares y no hay más rupturas de ducto, los precios deberían empezar a ceder en quince días. Pero advierte: «Eso depende de que alguien esté mirando». La fiscalización hoy es un parche: 42 inspectores para 6 000 puntos de venta.

Mientras tanto, la economía doméstica se ajusta con trucos viejos: mototaxi parado, olla a presión y viajes en bloque para llenar el tanque. La última vez que el petróleo estuvo en 100 dólares, el salario mínimo era 40 % menor. Ahora el chofer de GNV hace cuentas y descubre que trabaja cinco horas solo para pagar el combustible del día.

La lección no es nueva: cada vez que el mundo estornuda, Perú se agarra la garganta. Y la factura llega en soles, no en dólares.