El pollo a 12 soles y la papa a 3,50: la canasta básica se dispara y el bolsillo no da más
Las ollas de los barrios de Lima hervían este viernes con menos pollo y más agua. El kilo del ave ya roza los 12,50 soles; la papa tocó los 3,50 y la yuca se fue hasta 6. En tres semanas la cuenta diaria pasó de 30 a 60 soles y los mercados se vacían antes del mediodía. El INEI acaba de confirmar lo que las colas ya gritaban: la canasta básica familiar ya cuesta 1.860 soles al mes, 76 más que en diciembre. Con un salario mínimo de 1.130, la ecuación se rompe.
Los números que nadie pidió
El alza no es un fantasma. Es la suma de un barril de petróleo a 103 dólares en Nueva York, del conflicto en Medio Oriente que encarece la urea para la papa y del diesel que subió entre 20 y 30 % en marzo. Carlos Posada, de Idexcam, lo grafica: «Los alimentos, el transporte y la energía ya se tragan más del 60 % del gasto de los hogares». Traducción: cualquier sobresalto internacional se siente en la olla del lunes.
El impacto se lee en los ojos de los vendedores. «Antes una señora se llevaba cinco kilos de papas; hoy le alcanza para dos», cuenta Julia Quispe, del mercado de Santa Anita. La rotación de sus verduras bajó 40 % y el ingreso diario se le achicó a la mitad. «No es que la gente no quiera comprar; es que el dinero no estira».
El INEI desglosa la herida: 28,9 % del gasto familiar se va solo a alimentos dentro de casa. Sumarle vivienda, luz y agua eleva la cuenta al 50 %. El resto —salud, transporte, colegio— se convierte en lujo. Por eso las familias ya hablan en código: «cocinar aguado» significa tirar más agua a la olla; «hacer la vuelta» es recorrer tres mercados para ganar cinco soles.

La cadena que se rompe por el eslabón más débil
El alza del combustible castiga dos veces: primero al productor, que paga más para llevar la yuca desde Huánuco; luego al consumidor, que paga más para llevarla a casa. Entre medio, el transportista José Calderón muestra la libreta: el flete de Lima a Callao pasó de 80 a 120 soles en quince días. «Si no subo, pierdo; si subo, el cliente deja de llamar».
El efecto dominó llega al campo. La urea —insumo clave para arroz, papa y café— ya cuesta 46 % más que hace un año. El agricultor Luis Chávez, de la cuenca del Mantaro, resume su plan en una frase: «Sembraré menos, para no endeudarme». Se estima que la superficie de papa bajará 8 % esta campaña. Menor oferta, mayor precio. El círculo vicioso está servido.
Mientras tanto, el Gobierno congela durante 30 días el impuesto selectivo al combustible, pero el mercado ya descontó la medida. «El barril sigue alto y el dólar también», advierte la economista Lorena Alva. «El alivio fiscal dura lo que un encendido de cocina».
La última encuesta de Ipsos lo ratifica: 7 de cada 10 peruanos considera «muy grave» la subida de alimentos y 4 de cada 10 ya dejó de consumir carne de res. El menú social de 8 soles sobrevive, pero se achicó: menos arroz, más menestra. El nutricionista Walter Hidalgo alerta sobre el costo oculto: «Estamos viendo déficit de hierro en niños de 6 a 36 meses por la caída del consumo de proteína animal».
La historia no cierra con un «quizás». Cierra con la frase de María Inga, ama de casa en San Juan de Lurigancho: «Antes sobraban 10 soles para el ahorro; hoy falta 1 para la cena». Ella no pide promesas. Pide que el pollo baje 50 céntimos. Mañana. Porque el hambre no entiende de índices ni de barriles. Entiende de precios que se cobran al cierre del día y de ollas que no pueden esperar.
