El quetzal se tambalea: el dólar cierra marzo a 7,65 tras un brinco del 2,57%

El Banco de Guatemala se despide de marzo con una cifra que duele: el dólar cerró a 7,65 quetzales, su nivel más alto de los últimos diez meses. La moneda norteamericana escaló 20 centavos en apenas 24 horas, una sacudida que dejó a las mesas de dinero revisando stop-loss y a las familias contando billetes para la canasta básica.

La volatilidad regresa al istmo

La volatilidad regresa al istmo

La cotización mató la calma de la semana pasada, cuando el tipo de cambio parecía acomodarse por debajo de 7,50. El salto del 2,57% rompe la senda lateral que mantenían los bancos desde febrero y activa la alarma de los importadores que compran al contado. El dato es contundente: en siete días el dóbol acumula un 18,97% de volatilidad anualizada, el doble del promedio registrado en 2023.

El quetzal se depreció un 2,35% en la última semana y un 1,92% respecto a marzo del año pasado, lo que encarece el pago de la deuda corporativa indexada y enciende los motores de la inflación pas-through. La gasolina, los fertilizantes y los repuestos de maquinaria agrícola ya cotizan al alza en los puertos de Santo Tomás y Puerto Quetzal.

La volatilidad no es un capricho. El flujo de remesas —que suele amortiguar la demanda de divisas— se desaceleró en los primeros dos meses del año. Mientras tanto, la Reserva Federal mantiene la tasa en 5,50% y los fondos de cobertura reducen su exposición a mercados emergentes. El resultado: capitales que salen y dólares que escasean.

El Banco de Guatemala ya intervino en tres ocasiones en lo que va de año, vendiendo 150 millones de dólares de sus reservas, pero el mercado se lo ha comido sin despeinarse. La autoridad monetaria tiene aún 18.000 millones en sus arcas, un colchón que parece holgado hasta que aparece un hedge fund con ganas de probarla.

La depreciación del quetzal llega en medio del debate interno sobre si Guatemala debe adherirse al convenio de dólarización parcial que impulsa el sector exportador. La propuesta, que duerme en el Congreso desde 2022, cobra nuevos adeptos cada vez que el tipo de cambio perfora un techo psicológico. El problema: la dolarización no se negocia con el Fondo, se decide en las urnas y ahí el sentimiento es, todavía, de soberanía monetaria.

La semana arranca con expectativa de nuevas intervenciones. Los operadores miran de reojo la subasta de Letras del Tesoro en dólares programada para el miércoles: si la demanda local flojea, el quetzal podría probar los 7,80 antes de Semana Santa. El mensaje es implacable: la estabilidad se fue de vacaciones y no avisó cuándo regresa.