El real se resiste: el dólar se estanca en 5,25 y el banco central ya prepara su próximo movimiento
Brasil respira. Tras semanas de convulsión cambiaria, el dólar cerró este 30 de marzo a 5,25 reales, apenas un susurro por encima del 5,24 de la víspera. El mercado, exhausto, premia la calma: la volatilidad anual cae al 11,71% y los operadores ya no hablan de crisis, sostienen la mirada en la próxima reunión del Copom.

Una tregua que esconde la cuenta regresiva
Detrás del aparente sosiego late la cuenta regresiva. UBS filtró ayer su guía para 2026: 5,40 reales por dólar en enero y 5,50 el resto del año. La proyección no es un capricho de analista aburrido; es la fotografía de un país que gasta más de lo que ingresa. El déficit fiscal trepará al 8,5% del PIB y la deuda rozará el 80%. El “carry trade”, ese jugoso diferencial de tasas que atrajo capitales sedientos de rentabilidad, se desinfla: la SELIC bajará al 12,5% en diciembre de 2026, según el banco suizo.
Brasil exporta soja y hierro, pero importa desconfianza. La cuenta corriente se desequilibra: -3,6% del PIB. El dinero sale más rápido de lo que entra y el Central ya no puede tapar el agujero con reservas. El diferencial de tasas con Washington se estrecha; la Fed recortará en 2025, pero el alivio llegará tarde para un real que arrastra el lastre fiscal como una losa.
El inversor local lo sabe. Por eso, pese a la calma intradiaria, el dólar acumula ya un 0,31% en lo que va de semana. La tendencia no es amiga: hace doce meses el billete verde valía 4,88 reales; hoy necesita 5,25. La deprecación interanual del 7,29% duele más si se ajusta por inflación: el poder adquisitivo del brasileño se erosiona mientras el gobierno discute el nuevo marco fiscal en Brasília.
El cable que cruzó ayer Dow Jones resume el clima: “el dólar giró las tornas”. La frase suena a epitafio. La volatilidad baja, sí, pero porque nadie quiere apostar. El mercado espera. Espera que Lula negocie un techo de gasto creíble. Espera que el Tesoro deje de financiar subsidios con emisión. Espera que el BC devuelva credibilidad. Mientras tanto, el real flota en una balsa de papel.
El viernes próximo el Comité de Política Monetaria define la tasa. Si baja 25 puntos, como pronostican tres de cada cuatro bancos, el dólar saltará de inmediato a 5,30. Si la recorte 50, la barrera psicológica será historia antes de Semana Santa. La apuesta está servida: estabilidad ficticia hoy, depreciación real mañana. El ahorrista brasileño ya no mira el reloj: mira el calendario y cuenta los días que faltan para que el 5,50 de UBS deje de ser una línea en un PowerPoint y se convierta en el precio que paga por su café cada mañana.
