El río se atragantó con la sierra y los drones del ejército descubrieron el desastre en ayna

Las aguas del Sanquirhuato se comieron la carretera y 35 soldados del Batallón de Comandos N.° 116 ahora caminan entre lodo y escombros con la misión de devolverle la voz a un distrito que llora desde el 6 de marzo. El domingo, mientras los drones militares sobrevolaban Ayna, Ayacucho, las imágenes en vivo mostraban lo que los mapas ocultan: casas partidas, tajos cortados a machetazos por la corriente y un puente colgando como un diente roto.

El huaico que metió piedras, troncos y furia

La primera tromba cayó el 6 de marzo; la segunda, el 28. Entre ambas, el cauce se convirtió en un embudo. Pedro Quispe, gerente general del Gobierno Regional, lo resume así: «Un huaico bajó con tanta piedra y tronco que el río chocó contra sí mismo. El agua no encontró por dónde ir y se metió a las casas». La cifra habla por sí sola: 1,2 km de cauce obstruido, 42 viviendas inhabitables, 14 hectáreas de cultivo sepultadas bajo 1,5 m de limo.

La Brigada de Intervención Rápida para Desastres desplegó dos DJI Mavic 3 Enterprise y un vehículo acuático SeaKing para trazar un mapa de daños en tiempo real. En la pantalla del Centro de Operaciones Conjuntas se vieron los puntos rojos: dos colegios con grietas, un puesto de salud sin techo, 3,2 km de vía principal socavada. El teniente Luis Ríos, jefe del pelotón de reconocimiento, confiesa: «El río se tragó la calzada en tres tramos; la línea que une Ayna con Huanta quedó en islas de asfalto flotando sobre el barro».

Mientras tanto, 35 efectivos usaron picos, palas y un par de camionetas 4×4 para abrir zanjas de desagüe. En 48 h retiraron 180 m³ de detritos; pero el temporal sigue acechando. La Dirección Regional de Salud activó un puesto médico móvil: 312 atenciones, 18 heridos leves, dos fracturas por caída sobre lodo resbaladizo. El riesgo no es retórico: el sábado se registró un nuevo deslizamiento a 800 m del caserío de San Francisco.

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El Gobierno Regional anunció que la Defensa Civil movilizará 12 retroexcavadoras y cinco camiones tolva para encauzar el río. El plazo: cuatro semanas. La factura provisional asciende a 3,4 millones de soles, dinero que saldrá del fondo de contingencias y de un préstamo contraído ante el Banco de la Nación. Provías ya levantó el acta de emergencia para reconstruir la vía; pero la primera piedra no se moverá hasta que el agua baje al nivel de seguridad hidrológica, es decir, cuando el caudal caiga por debajo de los 45 m³/s.

Los lugares donde el río arrasó huelen a madera podrida y a kerosene de las lámparas de emergencia. Los vecinos de Ayna San Francisco custodian lo poco que les queda: una olla de aluminio, un tambor de plástico, un perro que ladra cada vez que retumba una piedra dentro del agua. La alcaldesa Rosa Cárdenas no pide piedad, pide topografía: «Necesitamos que vengan los ingenieros, que marquen la nueva orilla. Si no, el próximo enero volveremos a llorar».

El Ejército se quedará hasta que el último tronco sea arrancado y la carretera recupere su línea original. Mientras tanto, los drones seguirán volando al amanecer, capturando imágenes que ya nadie quiere ver pero que todos necesitan recordar: un río que se atragantó con la sierra y un distrito que aprendió que la montaña, cuando llora, lo hace a gritos.