El salvador se juega el 28 de febrero: diáspora entra al tablero y milagro navas acecha su decimosexto mandato

El 28 de febrero de 2027 El Salvador volverá a votar con la calculadora en la mano: 60 curules en juego, alcaldías que cambian de color y, por primera vez, salvadoreños que facturan en dólares desde Houston o Madrid podrán aparecer en la boleta. El escenario ya tiene su rockstar local: Milagro Navas, la alcaldesa que ha gobernado Antiguo Cuscatlán durante 38 años —des que el peso colón existía— y que ahora contempla saltar al distrito La Libertad Este para sumar una década más a su récord de supervivencia política.

La diáspora rompe el cerco

La posibilidad de que un chef en Queens o una cuidadora en Milán termine sentado en la Asamblea nació de un veto y de una sala. En enero de 2021, Nayib Bukele vetó el Decreto 795 que lo impedía; cuatro meses después, la Sala de lo Constitucional le dio la razón y abrió la compuerta. El resultado: unos 3 millones de salvadoreños en el exterior ahora tienen puerta giratoria para ser candidatos, no solo votantes. El efecto domino nadie lo dimensiona: ¿multiplicará la fragmentación partidista o traerá un nuevo bloque transnacional que hable de remesas y visas?

En el interior del país, ARENA acaba de terminar su conclave interno. El domingo eligió al COENA 2026-2029 con la misma liturgia de siempre: papeletas, militancia sudando dentro de colegios y la promesa de “transparencia” que repiten desde 1981. Lo que no se vota en urnas es la estrategia: el partido blanco necesita ganar terreno tras perder más de la mitad de sus alcaldías en 2024 y sabe que su carta más fiable sigue siendo la dama de Antiguo Cuscatlán.

La eterna candidata que no quiere la asamblea

La eterna candidata que no quiere la asamblea

Navas lo ha dicho hasta la saciedad: “Nunca me ha llamado la asamblea”. A sus 71 años, la alcaldesa repite la frase como quien repite la receta del pavo de navidad: lo importante es el terruño, la acera rota, la boca de tormenta. Su lógica es la de los caciques clásicos: poder medido en cuadras, no en comisiones. El problema es que la ley la obligará a competir en una interna si quiere repetir; y en ARENA ya hay fila: jóvenes que ven en la diáspora un salvavidas de imagen moderna y que no ven con buenos ojos entregarle el distrito a una figura que empezó cuando Ronald Reagan soñaba el muro.

La clave está en la mezcla de votos: residentes en el exterior inscritos hasta el 30 de junio de 2026 más la vieja guardia que sigue idolatrando a Navas. La suma puede ser explosiva o puede ser la tumba definitiva de un partido que lleva tres elecciones sin tocar el 30 % nacional.

El 28 de febrero de 2027 será la duodécima cita electoral desde que se firmaron los Acuerdos de Paz. La primera en la que un salvadoreño podrá lanzarse desde Los Ángeles, pedir financiamiento por Zoom y contender contra quien ya firmaba actas con máquina de escribir. La última frase de Navas —“primero Dios y después la población”— suena a conjuro de supervivencia. Si el milagro se repite, El Salvador sumará otro récord: la misma mujer gobernando el mismo municipio durante más de cuatro décadas mientras el país aprende a contar votos por TikTok.