El salvador: tilapia y camarón, un boom acuícola con matices

El sector acuícola salvadoreño está viviendo un momento de auge, con una producción de tilapia que supera las ocho millones de libras anuales y el camarón pisándole los talones con más de cinco millones. Pero detrás de estas cifras hay una realidad compleja: una estructura productiva dominada por pequeños productores, una distribución desigual por departamentos y una dependencia crucial de intermediarios mayoristas.

La tilapia lidera el escenario

Entre mayo de 2024 y abril de 2025, El Salvador cosechó 8.192.060 libras de tilapia, consolidando su posición como líder indiscutible en la acuicultura nacional. La Libertad, con casi el 30% de la producción, se erige como el epicentro de este crecimiento, seguida de cerca por Cuscatlán y Chalatenango. La Unión, en cambio, aporta una fracción mínima, evidenciando una distribución geográfica desigual que plantea interrogantes sobre las políticas de desarrollo rural.

Lo que nadie cuenta es el canal de comercialización: el 99,3% de la tilapia se destina a la venta, un claro reflejo de la vocación comercial del sector. Sin embargo, la mayoría de los productores, aunque venden directamente al consumidor final, solo representan una pequeña porción del volumen total. Los comerciantes mayoristas, una minoría, acaparan más de la mitad de la producción, ejerciendo un control significativo sobre la cadena de valor y, potencialmente, reduciendo los márgenes de beneficio de los pequeños productores.

La dependencia de fuentes de agua naturales, como nacimientos y ríos, para la cría de tilapia (casi el 50% del total) también es un punto de vulnerabilidad, especialmente ante los efectos del cambio climático y la escasez hídrica.

Camarón: concentración de poder en pocas manos

Camarón: concentración de poder en pocas manos

En el caso del camarón, la producción nacional se situó en 5.242.356 libras. La Paz se lleva la palma, concentrando un abrumador 68,4% del total, mientras que Usulután y Sonsonate contribuyen con una cuota mucho menor. La estructura productiva es aún más desigual que en la tilapia: si bien la mayoría de los productores son personas naturales, las personas jurídicas (empresas) concentran la gran mayoría del volumen producido, señal de una creciente concentración del poder económico en unas pocas manos.

La forma de comercialización también revela una dependencia del canal mayorista (88,3%), con una participación marginal de las ventas directas al consumidor. El uso de agua marina como principal fuente de agua para la cría de camarón (86,3%) implica una alta sensibilidad a la salud de los ecosistemas costeros y a la regulación de la actividad pesquera.

La edad promedio de los productores, superando los 50 años en ambos sectores, y la predominancia masculina (85,4% en tilapia y 86,2% en camarón) sugieren una necesidad urgente de atraer a las nuevas generaciones y promover la igualdad de género en el sector.

Las cifras oficiales del Banco Central de Reserva revelan una acuicultura en expansión, pero también con desafíos estructurales que deben abordarse para garantizar un desarrollo sostenible y equitativo. La dependencia de intermediarios, la vulnerabilidad ante el cambio climático y la concentración de la producción en pocas manos son factores que amenazan la viabilidad a largo plazo de este importante sector de la economía rural salvadoreña. La clave reside en fortalecer a los pequeños productores, diversificar las fuentes de agua y promover un modelo de comercialización más justo y transparente.