El sarampión devora a guatemala y nadie alza la voz

Dos niños, 10 y 11 meses, ya no lloran. Sus cuerpos pequeños se convirtieron en las primeras víctimas fatales de un sarampión que camina por guatemala como quien regresa a casa después de 36 años de ausencia. El país lleva 3.594 casos en lo que va de 2026 y la curva aún no dobla el codo.

Una fiesta religiosa abrió la puerta

Una fiesta religiosa abrió la puerta

Fue en Santiago Atitlán, entre el 10 y el 14 de diciembre pasado. Creyentes de México, Estados Unidos y Centroamérica compartieron cánticos, hostia y virus. El primer contagiado: un salvadoreño de 24 años que volvió a su país llevando en la garganta la tos que desata la enfermedad. guatemala declaró alerta en marzo de 2025, pero la brecha sanitaria ya estaba abierta.

El bebé de 11 meses murió en Quiché, tierra de colinas y pobreza extrema; su madre, también positiva, vio cómo el bulto en sus brazos dejaba de respirar. El otro, de 10 meses, falleció en el corazón mismo de la capital, tras diagnosticarsele el 27 de febrero. Dos puntos en el mapa que trazan una línea de fallas: vacunas que no llegan, caminos de barro, campañas que suenan a eco lejano.

La estrategia de “vacunación de bloqueo” prometida por el Ministerio de Salud se reduce a brigadas que corren detrás del brote con un frasco de biológico en la mochila. La última gran embestida contra el sarampión data de 1990; desde entonces, la cobertura se resquebrajó y la confianza en la ciencia se fue desgastando entre charlatanes de WhatsApp.

México, frontera natural al norte, reportó en 2025 6.428 casos y 24 muertes. La advertencia de la OPS el 3 de febrero fue clara: “Incremento marcado que requiere acción inmediata”. La acción, sin embargo, sigue siendo un desfile de comunicados.

El virus no lee declaraciones. El virus viaja en el aire de las iglesias, en el bus de las 5 a.m., en el aliento de quien cree que la fiebre es “gripe común”. Mientras tanto, las mamás guardan los certificados de vacunación en cajones que no abren los médicos itinerantes.

Guatemense o visitante, el próximo hospedero ya está en fila. La nebulosa de posibilidades que precede a la tragedia se reduce a una sola: la dosis que no se puso a tiempo. El país tiene la vacuna; le falta la urgencia. El sarampión, en cambio, no ha perdido el tiempo.