El supremo hunde las hipotecas multidivisa de caixabank sin devolver un euro a los afectados

El Tribunal Supremo acaba de dinamitar la última trinchera de las hipotecas multidivisa que Caixabank heredó de Barclays en 2014. Diez años de pleitos, 4.700 millones de euros colocados entre 2007 y 2009, miles de familias atrapadas en un laberinto de franco suizo y tipos de cambio que se dispararon. La sentencia dicta la nulidad de las cláusulas por «falta de transparencia» y obliga al banco a convertir los préstamos a euros, pero se niega a ordenar la devolución de lo cobrado de más. Victoria legal, derrota económica.

La larga noche de los prestamistas valientes

Barclays desembarcó en España con la ambición de quien cree que puede bautizar a la crisis. Era 2007, el Euríbor trepaba al 5 % y los directivos del banco británico vieron oro en las hipotecas atadas al franco suizo: tipos mucho más bajos, cuotas inicialmente irrisorias y un argumentario de venta que olvidaba mencionar que el cambio podía volverse boomerang. Vendieron el producto como un seguro de vida, omitieron que era una apuesta de casino.

El truco funcionó hasta que el franco se revaluó un 30 % en meses. Las cuotas se duplicaron, el capital pendiente creció y los clientes descubrieron que su deuda ya no dependía del Euríbor, sino del humor de los mercados de divisas. Caixabank compró el negocio en 2014, heredando la bomba. Desde entonces, los afectados han visto cómo se les desplomaba la solvencia mientras el banco capitalizaba la diferencia.

La sentencia que no devuelve un franco

La sentencia que no devuelve un franco

El fallo del Supremo es contundente: las cláusulas son abusivas, el cliente nunca fue advertido del riesgo divisa y el desequilibrio es «grave». Pero hay una arista que sangra: no se imponen daños y perjuicios. La doctrina es clara: la nulidad devuelve al estado anterior, no indemniza el camino recorrido. Traducción: el banco debe cambiar el préstamo a euros y avisar por burofax, pero quien ya pagó de más deberá reclamar individualmente. Patricia Suárez, presidenta de Asufin, resume la ironía: «Ganamos la guerra, pero nos dejan sin botín».

La asociación calcula que cada familia podría haber perdido entre 30.000 y 80.000 euros, dinero que ahora sólo se recuperará si acude a los juzgados de primera instancia. Con la justicia civil colapsada, el escenario es un calvario de estimaciones periciales, tasaciones contradictorias y sentencias dispersas que pueden tardar otros diez años.

El próximo capítulo: bankinter y santander en el punto de mira

El próximo capítulo: bankinter y santander en el punto de mira

Mientras Caixabank ajusta sus cuentas, Asufin prepara la siguiente tanda. Quedan dos demandas colectivas vivas: una contra Bankinter y otra contra Santander, heredera del banco Popular. El montante global supera los 1.200 millones. El Supremo ha marcado el camino, pero la receta es la misma: nulidad sí, devolución tal vez. El sistema de acciones colectivas español sigue anclado en 2000, cuando Internet era modem y la directiva europea sobre remedios colectivos era papel mojado.

Bruselas quiere que España transpona la norma antes de 2025. El reto es convertir la victoria judicial en dinero real sin ahogar a los tribunales. Mientras tanto, los bancos han aprendido la lección: ya no venden hipotecas en yenes ni en francos, pero siguen ofreciendo créditos con referencias tan exóticas como el tipo Swap de 12 meses o el índice de carbono. La nebulosa de posibilidades que precede a la innovación, esa que yo mismo he estudiado, vuelve a formarse. Esta vez nadie habla de divisa, pero el riesgo sigue ahí, camuflado bajo siglas más inocentes.

La sentencia deja a 70.000 afectados con la miel en los labios. Han conseguido que se les devuelva la llave del piso, pero no el dinero que les sacó de él. El franco suizo ya no late en sus escrituras, pero el reloj del despacho de abogados acaba de empezar a marcar otra década.