El tsja blinda la condena: cinco años por tocamientos en sanlúcar
La sala de lo penal del Tribunal Superior de Andalucía ha devuelto la voz a la mujer que una madrugada de diciembre salió de un bar de Sanlúcar de Barrameda con un desconocido que juró que solo quería «darle un agradecido a casa». La justicia confirma: fueron cinco años de cárcel y 30.000 euros de rescate por una noche que acabó en insomnio, ansiolíticos y una amiga que la recibió temblando entre sollozos.
La sentencia desmonta la coartada del «consensual»
El fallo, adelantado por Europa Press y al que he tenido acceso, desgrana minuto a minuto la trampa. Charla amigable, copas, risas. Ella ofrece llevarlo porque no encuentra su coche. Se besan en el asiento del copiloto. Pero cuando su mano se interna bajo la falda por segunda vez, ella lo aparta y dice «no». El acusado insistió hasta que ella logró encender el motor y dejarlo frente a su portal. La ansiedad se instaló en su cuerpo como un segundo pasajero.
La defensa apeló al «error de prueba» y a la «pérdida de presunción de inocencia». El TSJA responde con una frase que debería grabarse en bronce: «La denunciante expresó los hechos con toda rotundidad y sin el menor atisbo de duda». Ni una palabra cambió entre el atestado y el juicio. Eso, en la jerga judicial, se llama coherencia narrativa, y pesa más que cualquier artilugio forense.

500 Metros y diez años de distancia
Además de la pena de prisión, el tribunal mantiene la orden de alejamiento: medio kilómetro durante una década. En una ciudad de 68.000 habitantes, eso puede convertir un simple paseo por la calle Ancha en un ejercicio de vigilancia constante. La indemnización —30.000 euros— no cubre ni diez meses de psicoterapia privada, pero marca el precio que la justicia fija por una noche rota.
La mujer recibió tratamiento farmacológico por episodios de insomnio, cefalea y ansiedad generalizada. El informe pericial habla de «secuelas de psiquiatría y psicología clínica». Traducción: aún le cuesta atravesar la puerta de un bar sin que se le acelere el pulso.
El TSJA no solo confirma; advierte. Recuerda que el juez de instancia intervino «calmada, respetuosa y exenta de displicencia» cuando la defensa intentó desgastar a la víctima en el interrogatorio. Un guiño a las salas que aún dudan en proteger del «double face» judicial a quienes ya bastante tienen con reconstruir su agredida intimidad.
La sentencia ya es firme. El condenado ingresará en prisión en cuanto la Audiencia dicte el mandamiento. Sanlúcar, entretanto, seguirá oliendo a manzanilla y mar, pero en alguna mesa del Centro aún se comenta «lo de la chica del coche». Ahora, al menos, la respuesta lleva sello judicial: cinco años, 30.000 euros y 500 metros de distancia. No es la utopía que soñábamos, pero es la primera línea que la ley ha logrado trazar entre su miedo y su futuro.