El uss nimitz fondea en panamá y reconfigura el tablero de poder marítimo en sudamérica
El USS Nimitz no atracó: se plantó. A 45 minutos del crucerístico Amador, su silueta nuclear recorta el Pacífico como una advertencia de 100.000 t. Mientras tanto, diez armadas latinoamericanas rehechan su postura frente a la costa panameña. La jugada se llama Mares del Sur 2026 y acaba de empezar.
La onceava edición del ejercicio ya no es un simulacro de rutina. En el interior del canal —que Washington construyó, controló y entregó en 1999— circula aún el 70 % del comercio que toca puerto en EE.UU. El portaaviones, que se jubila en 2027, aprovecha su penúltima gira para sellar un mensaje: aquí quien fija las reglas sigue siendo la flota que puede desplegar 90 cazas F-18 en 48 horas.
El gridley y un convoy de señales que no admite réplica
Al costado del Nimitz navega el destructor USS Gridley, punta de lanza del Escuadrón 9. Entre ambos transportan helicópteros MH-60, aviones C-2 Greyhound y el Ala 17, especializada en guerra electrónica. La potencia de fuego es descomunal, pero el verdadero disparo es diplomático: cada viraje de timón actualiza el mapa de influencia que China pretende redibujar en el istmo.
El contraalmirante Norman Cassi lo dejó claro en Amador: «Sin panamá no completamos la misión». La frase suena a elogio y es, en realidad, un recordatorio de dependencia mutua. panamá aporta el canal; EE.UU., la baza militar que disuade a quien pretenda entorpecer el paso. El ministro de Seguridad, Frank Ábrego, devolvió la pelota: «La libertad solo existe donde hay seguridad». Traducción: el precio del tránsito incluye un portaaviones anclado en el patio trasero.

¿Por qué ahora y no antes?
La región hierve. El tráfico de cocaína por el Pacífico creció un 27 % en 2025, según datos preliminares de la Junta Interamericana para el Control de Drogas. Los carteles mexicanos ya no pagan sobornos en dólares: ofrecen cargamentos de fentanilo que hacen trizas la economía local. En ese tablero, el Nimitz actúa como peón y torre a la vez: disuade a los narcos y, de paso, refresca tratados de defensa que llevan años sin renovarse.
Brasil, Chile, Colombia y Perú envían fragatas; Argentina aporta un aviso de guerra; Uruguay despacha buques de patrulla. México, por primera vez, incorpora unidades de su Guardia Nacional. El mensaje es sutil: si el canal se ve amenazado, la respuesta no será bilateral, sino continental.

El calendario aprieta
El Nimitz zarpará el 2 de abril rumbo a Jamaica. Quedarán 20 meses antes de su desarme programado. Para los estrategas de EE.UU. es el último tour para dejar claro quién custodia la puerta de entrada al Atlántico. Para los socios latinoamericanos es la ocasión de medir cuánto pesan sus propios navíos en la balanza. El resultado se verá no en los ejercicios, sino en los contratos portuarios que se renegocien tras el adiós del gigante nuclear.
El Canal no se toca, pero el mensaje se siente: nadie mueve una sola pieza sin que la flota de Washington lo registre. Mientras el Nimitz permanezca fondeado, la jugada seguirá siendo suya.