El var desarma al árbitro: universitario presenta audios que desmontan la denuncia de racismo
Los audios que Universitario de Deportes presentó ante la Comisión Disciplinaria de la FPF suenan a silbato roto. En las grabaciones del VAR no se escucha ningún insulto racista, solo la voz del árbitro Michael Espinoza diciendo «voy a ver» antes de activar el protocolo. Esa frase, aislada y sin contexto, es la grieta por donde el club crema pretende desmontar todo el edificio de la denuncia que salpicó a su hinchada tras el duelo contra UTC.
El informe que ahora vacila
El documento que Espinoza firmó el 7 de abril asegura que «gritos discriminatorios» provenían de la tribuna sur del Monumental. Pero los audios que el propio VAR registran —y que Universitario consiguió que se anexaran al expediente— no mencionan insultos, ni advertencias, ni siquiera la palabra «racista». La contradicción es tan brutal que los abogados del club ya preparan una demanda por difamación contra el árbitro, el arquero Ángelo Campos y el defensor Piero Serra, los tres denunciantes.
La jugada es arriesgada: si la Comisión Disciplinaria falla a favor de Universitario, los tres podrían terminar en los tribunales civiles. El club exige una retractación pública y, de no obtenerla, promete llevar el caso más allá de la federación. «No estamos defendiendo solo una camiseta, sino el nombre de 30 mil personas que fueron señaladas sin pruebas», dicen en la sede de Ate.

El silencio que puede costar caro
Mientras tanto, la pelota sigue rodando y el reloj no se detiene. La Comisión Disciplinaria no ha fijado fecha para resolver y el Torneo Apertura avanza con la espada de una posible sanción colgando sobre el campeón. En los pasillos de la FPF murmuran que el caso podría demorarse tanto como el de Adrián Coronel, que tardó seis semanas en resolverse. Para Universitario, cada día que pasa es una victoria parcial: los audios ya están en la mesa de los jueces y la presión mediática crece.
Lo que nadie cuenta es que el verdadero daño ya está hecho. La imagen del club quedó ligada a un episodio que, si se confirma que fue una falsa alarma, difícilmente borrará Google. Mientras tanto, en Cajamarca, UTC entrena con normalidad y sus jugadores prefieren no hablar del tema. La estrategia de Universitario es clara: si los audios no bastan, quedará la vía judicial. Y si la justicia deportiva falla, llegará la civil. En el fútbol peruano, la guerra por el honor acaba de comenzar.
