El vaticano lanza un misil diplomático a israel tras vetar la misa en el santo sepulcro
La Santa Sede no perdona. El Vaticano ha convocado este lunes al embajador israelí Yaron Sideman para trasladarle su pesar por lo que considera una provocación: la prohibición al cardenal Pierbattista Pizzaballa de celebrar la misa del Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro de Jerusalén. Una decisión que, en palabras de fuentes diplomáticas, ha sido interpretada en Roma como un gesto sin precedentes desde hace décadas.
El mensaje de parolin que nadie esperaba
El secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, acompañado por Paul Richard Gallagher, responsable de Relaciones con los Estados, ha recibido a Sideman en una reunión que ha durado menos de veinte minutos pero que ha dejado un sabor agridulce en la diplomacia bilateral. Según el comunicado oficial, se le ofrecieron "aclaraciones", pero en los pasillos de la Santa Sede se habla de frío diplomático y de una queja formal que podría traducirse en gestos concretos si Israel no rectifica.
La misa del Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro no es un acto religioso cualquiera. Es el acto litúrgico más importante del año para la comunidad católica en Tierra Santa, y su prohibición ha sido interpretada como un mensaje político más que una medida de seguridad. El cardenal Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, es una figura clave en el equilibrio interreligioso de la región, y su exclusión ha generado malestar entre los cristianos locales, que ven en esta decisión una intimidación silenciosa.

Jerusalén, la tecla más delicada del tablero
La fricción llega en un momento especialmente delicado. Israel vive una tensión interna creciente tras la reciente ola de ataques, y la autoridad religiosa en Jerusalén Este —donde se ubica el Santo Sepulcro— es un foco de disputa permanente entre judíos, musulmanes y cristianos. El Vaticano, que mantiene un statu quo diplomático con Israel desde 1993, no suele elevar el tono en público. Pero esta vez ha roto el silencio.
Lo que nadie cuenta es que el Santo Sepulcro no es solo un lugar de culto: es un laboratorio de poder. Desde 1852, el statu quo firmado por el Imperio Otomano reparte cada escalón, cada lámpara, cada llave entre las seis iglesias cristianas que comparten el espacio. Cualquier alteración, por mínima que sea, se interpreta como un desafío territorial. Y vetar al máximo representante católico en plena Semana Santa es, en Roma, leído como un golpe en la mesa.
El Vaticano no ha mencionado represalias, pero fuentes diplomáticas apuntan a que la visita del primer ministro israelí a Roma, prevista para mayo, podría sufrir cambios. En el mundo de la diplomacia religiosa, el gesto cuenta más que las palabras. Y esta vez, el gesto fue claro, frío y sin margen a la interpretación.
Israel, por ahora, guarda silencio. Pero en el Vaticano ya se susurra que la paciencia tiene límites, y que la próxima vez no habrá solo un "pesar". Habrá consecuencias.
