El voto peruano en la cuerda floja: ¿decisión de último minuto?
A escasas horas de definir el futuro político del Perú, la contienda presidencial se asemeja más a una partida de ajedrez impredecible que a una carrera con ganador claro. Las encuestas, como tantas veces, parecen susurrar incertidumbres en lugar de ofrecer certezas. Y, según Fernando Tuesta Soldevilla, exjefe de la ONPE, la clave está en esos últimos días, una ventana de oportunidad donde la volatilidad del electorado peruano alcanza su punto álgido.
La movilidad del voto: un factor de riesgo para los líderes
Olvídese de las predicciones rígidas. Tuesta, con la experiencia que le otorga haber visto pasar elecciones, afirma que el panorama actual es de una fluidez asombrosa. “Salvo pequeños núcleos de votantes inamovibles, el voto ahora es, esencialmente, movible”, señala. Esta afirmación, lejos de ser una mera observación, implica una advertencia para aquellos candidatos que se permitan la ilusión de una victoria asegurada, incluso a pesar de las favorables cifras en los sondeos.
Pero hay un detalle que agrava la situación: la superficialidad de los debates. El analista es contundente: “Los debates nunca se ganan por argumentación”. Lo que importa, a ojos del electorado, es la imagen, la capacidad de conectar emocionalmente, de generar titulares que se viralicen en las redes. En un contexto donde la comunicación digital domina la agenda, la solidez de las propuestas queda relegada a un segundo plano, eclipsada por la búsqueda del “golpe efectista”.

Más allá de los debates: la territorialidad como clave
No basta con ser tendencia en Twitter. Tuesta subraya un punto crucial: la necesidad de combinar la estrategia digital con una presencia territorial sólida. “Una estrategia digital sin fortalecer la base territorial es, simplemente, insuficiente”. Esta advertencia resalta la desigualdad de recursos entre los candidatos y la dificultad de replicar el éxito online en la compleja realidad del Perú profundo, donde la cercanía con el votante sigue siendo un activo invaluable.
La reciente alerta de Proética, que denuncia la prevalencia de confrontaciones sobre propuestas durante el debate presidencial, añade una capa más de complejidad a este escenario. La búsqueda de notoriedad a través de ataques personales, impulsada por la respuesta del público, limita la oportunidad de un debate sustantivo y deja al electorado con escasas herramientas para evaluar las soluciones concretas a los problemas del país. La ironía es palpable: en un momento crucial para la toma de decisiones, la polarización se impone sobre el análisis.
Con el cierre de campaña a la vuelta de la esquina, la definición del voto presidencial se perfila como un sprint final, donde la capacidad de equilibrar mensaje, visibilidad y trabajo en terreno será el factor determinante. La incertidumbre es la única constante, y el Perú se prepara para un desenlace electoral que, como bien señala Tuesta, se decidirá en los últimos instantes. La pregunta ya no es quién lidera las encuestas, sino quién logra conectar mejor con la creciente masa de votantes indecisos que aún se aferran a la esperanza de un cambio real.