Encuentran droga escondida en tacos de madera dentro del penal de cochamarca
Las reglas del juego cambian, pero el truco sigue siendo el mismo: esconder la mercancía donde nadie quiera mirar. Esta vez, en el penal de Cochamarca, el lugar elegido fueron los baños del pabellón 2-B, dentro de tacos de madera que nadie sospechaba huecas. El operativo de rutina terminó con cinco paquetes envueltos en cinta transparente y un puñado de pastillas que aún nadie se atreve a nombrar.
El descubrimiento ocurrió en plena sierra de Pasco, a más de 4.300 metros de altura, donde el aire es delgado y la paciencia, escasa. Los agentes del INPE revisaban celdas, cuerpos y rincones cuando encontraron los costales con los tacos. Dentro, una bolsa de plástico que alguien había llenado con cuidado, como quien guarda un secreto que puede costarle la vida.
El método ya es una marca registrada
No es la primera vez que el pabellón 2-B aparece en los reportes. El régimen cerrado ordinario aloja a internos con condenas por delitos graves, y la lógica interna es simple: cuanto más tiempo dentro, más ingenioso el contrabando. En este caso, los tacos de madera eran un mensaje en código: aquí se cocina algo más que alimentos.
Lo que nadie cuenta es que el tráfico de drogas dentro de los penales no es solo un problema de seguridad: es un sistema paralelo de economía y poder. Las pastillas y los paquetes encontrados no eran para consumo personal. En el mercado interno de Cochamarca, cada comprimido tiene un valor que se triplica fuera, y la cadena de manos que lo mueve ya atraviesa muros, rejas y hasta la vigilancia policial.
El protocolo dice que el área fue aislada y que el Ministerio Público y la PNP ya fueron notificados. Pero la cifra habla por sí sola: en lo que va del año, el INPE ha incautado más de 3.000 objetos prohibidos en penales de la sierra y la costa. Libretas con anotaciones, cables para conexiones ilegales, encendedores, y ahora, tacos de madera con pastillas. El inventario crece más rápido que las explicaciones.

La estrategia que no frena el negocio
El Consejo Nacional Penitenciario ordenó una oleada de requisas sorpresa en todo el país. La consigna es clara: cortar la cadena delictiva antes de que se reproduzca. Pero en Cochamarca, como en Chiclayo o en Lurigancho, el procedimiento se repite con variaciones mínimas. Entran los agentes, encuentran mercancía, la incautan, y el ciclo vuelve a empezar.
El INPE insiste en que cada operativo es una victoria. Lo que no dice es que el precio de la derrota lo pagan los internos que no forman parte del negocio, y que siguen dormidos a menos de cinco metros del lugar donde se escondía la droga. La promesa de un sistema penitenciario “libre de riesgos” suena a slogan cuando los baños siguen siendo el punto más codificado del penal.
El cierre del caso queda en manos de la fiscalía. Mientras tanto, los tacos de madera siguen apilados en un depósito de evidencias, testimonios de un ingenio que no se detiene. Afuera, en los pueblos de Pasco, los comerciantes y transportistas que pagan extorsiones desde afuera ni siquiera saben que parte de su dinero pasa por esas maderas huecas. Y dentro, el silencio vuelve a ser el único guardián.
