Kim novak arremete contra sydney sweeney: “no soy un sujetador con patas”
Kim Novak tiene 93 años y aún sabe cómo clavar un puñal. La que fue la musa de Hitchcock acaba de destripar en dos frases la operación de imagen que Sydney Sweeney monta sobre su vida amorosa con Sammy Davis Jr. en 1957. “Nunca lo hubiera aprobado”, sentencia. Y añade la puntilla: “Sobresale demasiado por encima de la cintura”. Traducción: una actriz que se vende por su busto no puede interpretar a una mujer que se jugó el estigma racial de la América de Eisenhower.
El fantasma del escándalo que no fue
El proyecto se llama Scandalous! y prometía rescatar un romance que la prensa de la época convirtió en pólvora: la estrella rubia de Columbia Pictures y el crooner negro que conquistó el Copacabana. Pero Novak insiste en que ahí no hubo pecado, sino ternura. “Éramos dos almas rotas que se reconocieron”, dijo al Guardian. Lo que le repugna ahora es que la película reduzca ese vínculo a una fiebre sexual porque, según ella, “Sydney Sweeney parece sexy todo el tiempo”.
La frase duele más que un cachetazo. En Hollywood, donde el cuerpo de Sweeney se ha convertido en un activo de marketing medido en clics, la observación de Novak suena a sentencia de muerte moral. La veterana actriz no habla de celos; habla de deseo de controlar la narrativa de su propia juventud. Y ahí hay un quiebro generacional que el guion de la película —aún en trámite— no logra equilibrar.

El productor que se cree cronista
Lo irónico es que quien impulsó el proyecto fue la propia Sweeney. La actriz de Euphoria compró los derechos, convenció a Colman Domingo para que debutara como director y se colgó el vestido de Novak en la última Gala Met como homenaje anticipado. “Es una historia que necesita ser contada bellamente”, justificó. Pero Novak no quiere belleza; quiere verdad. Y la verdad, para ella, pasa por recordar que Harry Cohn, el jefe de Columbia, llegó a amenazar a Davis Jr. con entregarlo a la mafia si no abandonaba la relación.
Domingo, que compartió set con Sweeney, asegura que mantiene “una relación muy hermosa” con Novak. La frase suena a declaración de prensa contractual. La actriz, sin embargo, desmiente cualquier contacto directo: “Nunca me consultaron”. Entre ambas versiones queda un vacío que el rodaje —previsto para 2026— deberá llenar o, peor, explotar.
El guion circula ya en los backlots de Los Ángeles y quien lo ha leído asegura que hay escenas de cama que justifican el título. Novak lo intuye y advierte: “No quiero que mi nombre se use para vender erotismo retro”. A sus 93 años, ha visto cómo el mismo sistema que la encasqueto como “femme fatale” ahora busca reciclarla como icono sexual de paquete de Netflix. Y ella, que ya sobrevivió al boicot de los estudios, se resiste a una segunda muerte simbólica.
La batalla es desigual. Del lado de Sweeney hay millones de followers y un algoritmo que premia escote. Del lado de Novak, solo la memoria. Pero esa memoria acaba de demostrar que aún puede sangrar. Cuando le preguntaron si vería la película, respondió: “Prefiero revivir el beso de Vértigo mil veces antes que ver cómo me convierten en un sujetador con patas”. La frase retumba en los pasillos de Sony. Y, por primera vez, alguien se pregunta si Scandalous! no terminará siendo el escándalo de quienes la filmaron.
