Nito mestre trae a ee.uu. el adiós que sui generis nunca completó
El 5 de septiembre de 1975, 25.000 personas desgarraron sus gargantas en el Luna Park cuando Charly García y Nito Mestre colgaron las guitarras de Sui Generis. El grito duró 49 años. Ahora, Mestre desentierra esa noche, la desempolva y la aterriza en Washington y Nueva York el 9 y 10 de abril con una gira que no es nostalgia: es la cuenta pendiente de un país entero.
El repertorio que no se atrevió a morir
Mestre no viene a cantar hits. Viene a reinstalar en la memoria colectiva los temas que los censores de la última dictadura escucharon como balas: Canción para mi muerte, Rasguña las piedras, Confesiones de invierno. Canciones que, en 1975, eran ya un epitafio para la adolescencia de una generación que no sabía que iba a perderlo todo. El setlist incluye también piezas de su etapa solista y una sección rescatada de Los Desconocidos de Siempre, el grupo que formó tras la ruptura y que guardó en un cajón durante cuatro décadas.
Lo que nadie cuenta es que Mestre graba nuevo material en Miami, en el Realm 26 Studio, mientras ensaya la despedida. La contradicción es perfecta: la gira se llama “farewell”, pero el disco se titula Reconstrucción. En el estudio, Ignacio Palladino mezcla cintas analógicas con plugins del 2026. Eduardo Cautiño produce. Mestre, a los 71, se niega a ser un archivo.

Los corners, el fantasma de charly y el público que envejeció
En el escenario no estará García. Estará Los Corners, banda tributo que reproduce los arreglos de Charly con la precisión de un laboratorio. La ironía: el músico que rompió Sui Generis para huir de los tributos ahora será evocado por uno. Mestre lo sabe y acepta el trato. El público latino de Washington y Nueva York —médicos, cocineros, programadores que llegaron en los 80— compró las entradas en 48 horas. La edad promedio: 62 años. Llevarán pañuelos blancos de abuela y botellas de fernet escondidas en los abrigos. La cifra habla por sí sola: 80 % de las localidades se vendieron sin promoción, solo por el boca a boca de WhatsApp.
El documental remasterizado de Bebe Kamin —proyectado en noviembre de 2025— fue la chispa. Las imágenes del '75 en blanco y neguro mostraron a dos pibes que no sabían que serían leyenda. Mestre lo vio solo en su departamento de Palermo y decidió que no quería que su historia terminara en un cine. Quería que respirara en vivo, con el pelo plateado y la voz ya rasgada por los años.

La despedida que nadie se cree
En el backstage del State Theatre le preguntaron si esta era la última vez. Mestre sonrió: “La última vez fue en el Luna. Esta es la primera de las segundas partes”. Después se encendó un Pueblo Del Sol mientras repasaba los acordes de Botella al mar. La gira de despedida es, en realidad, un acto de reapropiación: Mestre se roba su propio pasaje al olvido y lo convierte en boleto de ida y vuelta.
El 11 de abril, día después del show neoyorquino, Mestre volverá al estudio. Grabará La máquina de sangre, tema inédito que escribió en un hotel de Madrid en 1982, cuando la dictadura le prohibía volver. La letra dice: “No me des por muerto, es solo el humo de lo que fui”. La frase resume la gira. Y también al país que lo vio nacer.
