Seth rogen desnuda hollywood: la serie que convierte el ego en veneno y los premios en espejo

Hollywood se devora a sí misma en The Studio y Seth Rogen se ríe desde dentro del monstruo. La segunda temporada de la comedia que arrasó en los Emmy aterriza hoy en Apple TV con 13 estatuillas en la mochila y una ausencia que duele: la muerte de Catherine O’Hara deja un agujero negro en el guión y en el alma del equipo.

La broma que ya no es broma

Rogen rechaza que lo que hace sea sátira. Prefiere hablar de “trasvase de ansiedad”: convierte la fijación por el café correcto o el color de una alfombra en drama existencial. Matt Remick, su alter ego en la ficción, pasa más tiempo contando likes que leyendo guiones. El resultado es un retrato venenoso del ejecutivo moderno: un tipo que llora frente al espejo y cinco minutos después despide a medio departamento por un punto en el share.

La clave, dice Evan Goldberg, es filmar el absurdo como si fuera un documental. “Metemos la cámara en la sala donde se decide el destino de 200 millones y descubrimos que la reunión gira en torno a si el poster debe llevar o no una coma”. El guion se alimenta de whatsapps reales, grabaciones secretas y reuniones en las que ellos mismos han estado. Por eso Martin Scorsese aparece discutiendo el final de una franquicia de superhéroes y Madonna se planta en el set para quejarse de la luz.

El miedo que no se menciona

El miedo que no se menciona

Detrás de las carcajadas, Rogen confiesa que cada episodio es una sesión de terapia colectiva. “Exploro mis peores miedes: si soy un impostor, si mis colegas me odian, si mi carrera entera se sostiene sobre un tuit”. La semana pasada rodaron una escena en la que su personaje descubre que el estudio planea reemplazarlo con una inteligencia artificial entrenada en sus propias películas. El actor terminó el día temblando. “No era actuación”, susurra.

La muerte de Catherine O’Hara en enero los obligó a reescribir la temporada entera. Patty Leigh, su personaje, era la única que hablaba sin miedo a perder el trabajo. “Era nuestra conciencia moral, la voz que decía ‘esto es una locura’ justo cuando el guión se salía de quicio”, recuerda Goldberg. Eliminarla ha sido como amputar el timón en plena tormenta: ahora cada capítulo navega sin brújula hacia el mismo precipicio que describe.

El nuevo hollywood en tres cifras

El nuevo hollywood en tres cifras

La serie se estrena cuando los grandes estudios destinan el 62 % de sus slates a remakes, secuelas o películas basadas en juguetes. El presupuesto medio de marketing ya duplica al de producción. Y la inteligencia artificial promete entregar 15 guiones “culturmente alineados” antes del desayuno. “Convertimos la creatividad en una ecuación y luego nos sorprendemos cuando el resultado nos aburre”, ríe Rogen sin gracia.

Pero hay un dato que les permite seguir respirando: The Studio se tradujo a 42 idiomas, encabezó el ranking de torrents en países donde Apple TV no existe y genera memes que los ejecutivos usan en sus propias presentaciones. “La parodia viaja más rápida que la propaganda”, sentencia Goldberg. La moraleja: cuando el sistema se vuelve tan absurdo que ya no puede ser satirizado, la única salida es reírse antes de que el edificio se derrumbe.