Erc forja un escudo social ante la guerra y exige al gobierno que no se limite al cierre de cielos
El cierre del espacio aéreo español a aviones que transporten material bélico hacia Irán no es más que un vendaje sobre una herida que sangra por la clase media. Isaac Albert, portavoz de ERC, lo dejó claro este lunes: valora la medida, pero la considera insufuente. «Nos parece bien todo lo que sea no contribuir a una guerra ilegal», dijo, antes de cargar contra la pasividad de Moncloa y la Generalitat ante la erosión del poder adquisitivo de millones de hogares.
La negociación que empieza bajo cuerda
Albert habló después de la primera reunión formal con el PSC y el Govern para dibujar los Presupuestos. No desveló cifras ni plazos. Solo admitió que ya hay grupos de trabajo y que la negociación no se televisará. «No retransmitiremos en directo», ironizó, como quien cierra la puerta a la especulación mediática. El objetivo: blindar los acuerdos de investidura y que no se repita la historia de los pactos incumplidos.
La jugada se complica. ERC quiere medidas «fijas y estructurales» que contengan la inflación energética y protejan los salarios. No quiere subsidios de última hora ni cheques puntualitos. «Esto no va de respuestas variables», recalcó Albert. Lo que reclama es un escudo social permanente: revaloración de pensiones, control de precios básicos y políticas fiscales que castiguen a quienes se han llenado los bolsillos con la guerra.

Mientras tanto, la izquierda se mira en el espejo
El 9 de abril, Barcelona acogerá un acto que ya genera murmullos: Gabriel Rufián e Irene Montero compartirán escenario para hablar del futuro de la izquierda. Albert confirmó que «algunos miembros de la dirección» de ERC asistirán. El mensaje implícito: el independentismo no renuncia a liderar el discurso progresista, aunque eso signifique codearse con quienes le reprochan su pacto con el PSOE.
El reloj corre. La guerra en Oriente Medio aviva el temor a nuevas sacudidas en los mercados y a ola de refugiados que la UE no ha calculado. ERC lo sabe y por eso aprieta. Quiere que el Gobierno se juete la credibilidad antes de que la factura de la guerra llegue en forma de recortes. El cierre de cielos, en ese contexto, es solo el primer paso de una partida que se jugará en los Presupuestos y en la calle.