España y perú sellan en madrid el amistoso que decidirá el rumbo hacia catar

En la antesala de un Mundial que comienza a perfilarse, Rafael Louzán y Agustín Lozano se sentaron ayer en Las Rozas con el mismo gesto: la urgencia de ganar un partido que aún no se ha jugado. El 8 de junio, en el estadio Cuauhtémoc de Puebla, España y Perú se verán las caras por última vez antes de afrontar Catar 2022. El encuentro, bautizado como Puebla, tierra de campeones; la prueba final, es más que un fogueo: es el termómetro para dos selecciones que llegan con la misión de no defraudar.

Una cita en puebla que empieza en leganés

La delegación peruana aterrizó en Madrid con la mira puesta en dos frentes. Primero, el amistoso de esta tarde contra Honduras en el Butarque de Leganés, un ensayo general sin margen de error. Después, la negociación del amistoso en México, cuya organización ha sido posible gracias a la red de contactos que la RFEF ha ido tejiendo desde que Eduard Dervishaj tomó el departamento de Relaciones Internacionales. El acuerdo se cerró en menos de lo que tarda un saque de meta en cruzar el área: 45 minutos de reunión y un intercambio de compromisos que incluye, entre otras cosas, la cesión de datos de scouting y la logística de concentración en territorio mexicano.

La RFEF no revela cifras, pero fuentes del entorno negociador apuntan a un cachet superior al millón de euros por parte de la FPF, una cantidad que incluye derechos de televisión, hospedaje y el alquiler del estadio poblanos, donde Perú actuará de local simbólico. España, por su parte, acepta el desplazamiento a cambio de probar a sus suplentes: Luis Enrique quiere ver cómo responde Ansu Fati ante una defensa que conoce el alto ritmo sudamericano.

El calendario aprieta y los cuerpos técnicos lo saben

El calendario aprieta y los cuerpos técnicos lo saben

Mientras tanto, en la sala de prensa de Las Rozas, Álvaro de Miguel, secretario general de la RFEF, repartía la agenda: dos días de descanso tras el partido de Puebla y vuelta directa a Madrid para iniciar la concentración definitiva. Perú, por su parte, volará a Barcelona para jugar un último amistoso cerrado contra un combinado de jugadores de la Liga española que no irán al Mundial. El objetivo: que Gareca pruebe la resistencia de Renato Tapia y le dé minutos a Luis Advíncula, recién recuperado de una distensión en el aductor.

La reunión terminó con un intercambio de camisetas y una foto institucional que nadie colgará en Instagram. Louzán y Lozano se despidieron con un apretón de manos que significa lo mismo que un penalti en el 93': puede ser la alegría o la condena. El 8 de junio, cuando el árbitro pite el inicio en Puebla, ambos presidentes estarán en la tribuna. A sus espaldas, 48 millones de peruanos y una España entera que no acepta otra cosa que no sea la victoria. Ahí se verá quién llegó mejor preparado al torneo que todos quieren ganar.