Eurodiputados aterrizan en pekín para decir «basta» a la avalancha de productos chinos sin control
La última vez que un grupo de eurodiputados pisó China para vigilar lo que sale de sus fábricas, los iPhone llevaban botón de inicio y Shein era un apéndice de AliExpress. Ocho años después, la maleta vuelve a deshacerse en Pekín, pero el mensaje ya no cabe en un protocolo de cortesía: 4.600 millones de paquetes cruzaron la aduana comunitaria en 2024 y el 91 % venía de China. Dentro, según Bruselas, hay de todo: desde cargadores que se funden hasta juguetes que despiden ftalato como si fuera colonia.
La delegación europea pone el contador a cero
Anna Cavazzini, presidenta de la comisión de Mercado Interior y Protección del Consumidor, ha aterrizado con once eurodiputados y una hoja de ruta que parece lista de la compra de un inspector que se ha hartado de devolver artículos. En la agenda, que se alarga hasta el 2 de abril, figuran Shein, Alibaba, Temu y un pasillo frío del aeropuerto de Pudong donde se revisan contenedores. La idea: mirar a los ojos a quienes llenan los algoritmos de ofertas flash y vacían las básculas del comercio europeo.
La primera reunión ha sido con la SAMR, la agencia que regula el mercado chino. Los diputados han soltado la frase que en la diplomacia suena a puño en la mesa: «elevada afluencia de productos peligrosos que incumplen la normativa». Los chinos, según la breve retransmisión oficial, han escuchado y han prometido «cooperación». Pero hay un detalle que nadie ha desmentido: el déficit comercial de la UE con China rozó los 306.000 millones de euros en 2024. Cifra que habla por sí sola.

El lado oscuro del botón «comprar»
En la Asamblea Nacional Popular, los europeos han sacado otra lista: trabajo forzoso, menores expuestos a algoritmos de compra, empresas del Viejo Continuo que pagan peaje por entrar en el gigante asiático. Los legisladores chinos han asentido con la misma sonrisa de quien ya ha oído mil veces el discurso. Lo que nadie cuenta es que, mientras tanto, el 65 % de los paquetes que llegan a Lieja o Barajas proceden de marketplaces que facturan desde fuera de la UE y, por tanto, se escapan del IVA y del control aduanero que soporta un comerciante de València o Varsovia.
La visita coincide con la recta final de una norma que Bruselas prepara para estrenar en 2027: el punto de venta digital deberá asumir la responsabilidad de lo que venda, incluso si el almacén está en Suzhou. La presión empieza ahora: los eurodiputados quieren ver si la promesa china de «controles más estrictos» se traduce en algo más que fotos de rigor junto a la muralla.
En la sala de prensa, la portavoz Mao Ning ha deseado que la gira «contribuya al desarrollo saludable y estable» de las relaciones. Traducción: Pekín sabe que cada caja abierta en Europa es un voto que puede volverse en contra de la «fabricación sin fronteras». La delegación se marcha con muestras de sonrisas, pero también con un USB lleno de fotos de productos incautados. Lo que hagan con ellas, cuando regresen a Estrasburgo, será el próximo capítulo de esta guerra de cifras y contenedores. La aduana, esta vez, no perdonará la vista gorda.