Europa desafía a israel por la pena de muerte retroactiva tras el 7-o
Berlin, Paris, Roma y Londres rompieron ayer su silencio diplomático para advertir que Israel se juega su credibilidad democrática si aprueba la pena de muerte retroactiva para los atentados del 7 de octubre. La nota conjunta de los cuatro ministros de Exteriores no es un simple gesto protocolario: es un ultimátum velado que puede colapsar el delicado equilibrio de ayuda militar y apoyo político que la UE mantiene con Tel Aviv desde hace décadas.
El texto que desata la tormenta
La comisión de Seguridad de la Knesset blindó en primera lectura una reforma que introduce la pena capital por «asesinato con motivación ideológica o racista». La redacción, deliberadamente ambigua, incluye como agravante cualquier acto «de terrorismo, racismo u hostilidad hacia la población». Traducción: un juez militar podría sentenciar a muerte a un palestino que haya perpetrado un atentado, pero también a un ciudadano israelí que mate a otro por odio racial. El detalle que nadie pronuncia en voz alta es que la aplicación será selectiva y de facto: los palestinos serán los únicos que acabarán en el corredor de la hora letal.
Lo que convierte la iniciativa en un punto de inflexión es la retroactividad. Si la lee se aprueba en pleno, los condenados por la masacre del 7-O quedarán automáticamente sujetos a la pena de muerte, pese a que el Código Penal israelí la abolió en 1954 salvo para crímenes de guerra y traición. El tribunal militar de Ofer ya dictó 37 cadena perpetua por ese día; ahora podrían subir al cadalso.

El divorcio entre valores y armas
europa se ha agarrado durante meses a la coartada de la autodefensa para justificar la venta de submarinos alemanes, los drones italiani y los misiles franceses que alimentan la guerra en Gaza. Pero la pena de muerte retroactiva lesiona el artículo 2 del Tratado de la UE, que condiciona toda relación exterior al respeto de los derechos humanos. El mensaje de los cuatro ministros es claro: seguiremos suministrando armas, pero no callaremos. Una contradicción que Netanyahu sabe explotar: cada vez que europa alza la voz, el primer ministro aumenta la apuesta para blindar su coalición con los partidos religiosos ultranacionalistas.
Mientras, el Departamento de Estado se mantiene en un silencio sepulcral. Washington teme que cualquier crítica pública acelere la radicalización interna y desboque un conflicto que ya se ha cobrado 35.000 vidas en Gaza. La Casa Blanca prefiere el chantaje privado a la reprimenda pública, pero en Jerusalén interpretan esa cautela como una licencia para seguir adelante.
La votación en la Knesset puede producirse en menos de un mes. Si el proyecto prospera, Israel se convertirá en el único país de la OCDE con pena de muerte para delitos comunes —y el primero que la aplica de forma retroactiva desde la Segunda Guerra Mundial. europa ha cruzado la línea roja; ahora le toca a Netanyahu decidir si la cruzada ideológica merece romper la alianza que garantiza su supervivencia militar. La partida está servida y el reloj corre en sentido contrario.
