Explosión en carretera méxico-pachuca: el payín muere en su propia trampa
La camioneta circulaba a 80 km/h cuando se transformó en una bola de fuego. Dos cuerpos calcinados. Uno tenía apodo: El Payín. El video dura 12 segundos y ya es el tatuaje que Tecámac no olvidará.
El instante que nadie pidió ver
Las cámaras de seguridad del kilómetro 34 + 500 captaron el destello naranja a las 14:37 del 30 de marzo. La camioneta Explorer, placas de Edomex, parecía cualquier familia de regreso de Pachuca. Pero el tanque auxiliar trasero llevaba 80 litros de gasolina y la caleta escondía ocho kilos de C-4. La mezcla no perdonó.
Francisco Beltrán «N» —alias El Payín, 41 años, fichado por la SEIDO desde 2019— iba en el asiento del copiloto. Su escolta, apenas identificada como El Chango, manejaba. Ambos murieron antes de que los bomberos llegaran. El incendio tomó 43 minutos en domarse. El tráfico, 6 horas en despejarse.

Tecámac, la fosa del valle
La autopista México-Pachuca es la arteria que alimenta la zona nororiental del Estado de México. Ahí conviven rutas de aguacate, rutas de droga y rutas de gente que solo quiere llegar a casa. Tecámac, en el punto medio, lleva años siendo el patio trasero donde los cárteles entierran lo que ya no sirve.
El Payín controlaba la venta de droga en las colonias La Pirámide, Sierra Hermosa y San Martín. Cobraba piso a taquerías, rentaba motonetas a niños y cobijaba a sicarios que dormían en casas de interés social. La fiscalía lo señalaba por al menos nueve ejecuciones en 2023, aunque nunca pisó un juzgado.
Lo que nadie cuenta es que la camioneta explosionó justo debajo del puente peatonal que une la Universidad Mexiquense con la estación del Mexibús. Decenas de universitarios grabaron el siniestro con sus celulares. Algunos incluso festejaron: «Se acabó el cobro de cuota», escribió una cuenta anónima en TikTok. El video ya suma 2.3 millones de reproducciones.

La versión que no cuadran
La Secretaría de Seguridad del Edomex habló de «fuga de gas». Pero los peritos encontraron restos de detonador mecánico y un GPS fundido que marcaba la ruta: Tultitlán → Coacalco → Tecámac. La hipótesis que manejan fuentes altas es que El Payín transportaba explosivos para un ataque contra la policía municipal de Ecatepec. Alguien, tal vez un rival, activó el interruptor a distancia.
Otra pista: minutos antes de la explosión, una llamada desde el interior de la camioneta alertó a un número registrado en Tonalá, Jalisco. El interlocutor dijo: «Ya va para allá, ábranle paso». La líla se cerró de inmediato. La investigación quedó en manos de la Fiscalía Especializada en Delitos de Alto Impacto, pero el expediente lleva sello de «bajo reserva».
Lo que queda en la carretera
Al anochecer del mismo 30 de marzo, un grupo de vecinos colocó una crud de cartón junto al puesto de quesadillas donde El Payín desayunaba los domingos. La leyenda rezaba: «Aqui murió quien nos cobraba por respirar». El mensaje duró 20 minutos. Llegó la policía y lo quitó. Nadie supo quién lo escribió.
La México-Pachuca ya opera con normalidad. Los camiones pasan, la radio anunca promociones y los conductores olvidan el humo negro que un día tiñó el cielo de Tecámac. Pero en las cocinas económicas del mercado San Francisco aún se murmura el nombre de El Payín. Algunos dicen que su muerte fue «ajuste de cuentas». Otros, más viejos, recuerdan que la carretera siempre cobra. Y esta vez, cobró con intereses.
