Explosión en san pedro desata incendio que devora comercios en pleno centro de cali
A la 1:19 a.m. del domingo, el silencio del barrio San Pedro se rompió con una detonación que no fue un trueno: fue el estallido de una pipa de gas en la cocina de un restaurante, una bomba de combustible doméstico que en minutos convirtió tres negocios en brasas y a una mujer en herida.
El humo negro salió disparado por la fachada del edificio Alcalá, lamió los cristales de la Cámara de Comercio y obligó a los bomberos a desplegar 25 unidades: máquinas bomba, carros tanque, ambulancias y el vehículo de investigación que aún rastrea el origen exacto del fuego. Giovanny Galvis Flórez, sargento del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, resume la escena: “Llegamos pensando en una emergencia médica y nos encontramos con el restaurante y la papelería tirados en la calle, sus enseres convertidos en escombros”.
La hipótesis del gas que nadie confirma
Vecinos aseguran que olían gas desde hace días. La versión corre por WhatsApp, pero el informe preliminar solo dice que el incendio nació en la cocina. La pipa sospechosa sigue siendo un rumor que la investigación debe convertir en certeza o desmentir. Mientras tanto, el local vacío contiguo —ese que nadie alquilaba— se llenó de humo y sirvió de cámara de expansión para que las llamas saltaran a la papelería, donde los cuadernos se volvieron brasas y los lápices, ceniza.
La herida, una clienta que pasaba por la puerta, fue estabilizada en el sitio y trasladada al hospital. Su nombre no aparece en el parte oficial; solo figura como “una mujer de aproximadamente 35 años” que caminaba por la calle 25 cuando la explosión la tiró al pavimento. No hay más víctimas, pero el miedo quedó adherido a las paredes vecinas: los residentes del edificio de seis pisos pasaron la madrugada en la acera, temiendo que el fuego trepara por los ductos.

El centro de cali, zona cero recurrente
El incendio de San Pedro no es un accidente aislado. Hace cuatro días, el asentamiento Nueva Esperanza en Los Lagos se quemó: 41 viviendas, cuatro heridos, 180 damnificados. cali repite el patrón: gas doméstico, estructuras antiguas, comercios que funcionan donde antes hubo casas. La ciudad crece en altura sin revisar sus entrañas de tuberías y cilindros.
Los bomberos se retiraron a las 6:03 a.m., cuando ya el sol iluminaba los charcos de agua espumosa y los vidrios pulverizados. La investigación puede tardar semanas, pero el negocio nunca más abrirá a las 7 a.m. como lo hacía los domingos. La papelería perdió el kétchup de cuadernos rosados que vendía a mitad de precio y el restaurante se quedó sin cocina ni clientela. En la acera, un letrero chamuscado aún anuncia: “Desayunos ejecutivos”. Debajo, la cola del extintor vacío yace como un hueso calcinado.
cali despierta con una cicatriz más en el centro y una pregunta sin respuesta: cuántas pipas de gas duermen en cocinas que hoy abrirán normalmente, esperando la próxima madrugada que estalle.
