Extremadura arde: el fuego acecha la vera y madrid envía su arsenal aéreo
Las laderas de Losar de la Vera se encendieron antes de que el sol calentara la sierra. A estas horas, dos aviones anfibios, un helicóptero bombardero y una brigada helitransportada baten el aire en un valle donde la altitud y la pendiente convierten cada metro de avance en una hazaña. El Miteco ha activado el protocolo máximo; el Infoex, su artillería terrestre. Entre ambos, una carrera contra el reloj y contra un terreno que castiga.
La montaña, un enemigo de más
La cota supera los 1.400 metros. El viento deja de ser brisa y se vuelve sable. Allí donde el pino resiste entre rocas, el fuego encuentra su autopista de resina y agujas. El coordinador del dispositivo lo resume sin anestesia: «Aquí no valen los contraataques en línea recta; hay que trepar, cortar y retroceder antes de que la tapa del barranco se convierta en chimenea». La imagen es clara: cada hectárea pastada es un triángulo de difícil base, donde el desnivel mide más que el mapa.
La consejería extremeña aporta un helicóptero de carga ligera y un agente de medio natural que firma cada orden con el sudor de la chaqueta. Desde Madrid, el Gobierno central añere la coordinadora: un avión Twin-Otter que dibuja círculos de 2.500 metros de radio para que los demás aparatos no se trituren entre columnas de humo. La lección la dejó el verano pasado en Rascafría: sin ojos en el cielo, los rotores se parecen más a cuchillos que a alas.

El dato que nadie firma
Ni el Miteco ni la Junta se atreven a estimar superficie quemada. La fotografía infrarroja del MODIS anoche dibujaba una mancha de 22 hectáreas, pero el satélite no mide tizón dormido. El técnico que maneja el SIGPAC en la base avanzada de Jarandilla desliza, entre café y café, que la cifra real puede doblarse si el vilo gira al noreste. El humo, de momento, se eleva en columna vertical: buena señal para los pilotos, mala para los pueblos de abajo que respiran pino chamuscado.
La Vera es despoblación y patrimonio a la vez. En los últimos quince años ha perdido el 18 % de sus habitantes. Cada incendio es un empujón más a la deserción. Los vecinos de Losar no lo dicen en voz alta, pero lo apuntan en la cuartilla del bar: si el fuego roe la ladera este, la senda del Pozo de los Humos quedará cortada y con ella una de las pocas fuentes de senderismo rentable que quedan en la comarca.
El verano que viene empieza hoy
El dispositivo Infoex comenzó el 1 de marzo; el fuego no ha esperado ni un mes. La Junta calcula que la temporada alta llegará seis semanas antes y se alargará hasta octubre. El presupuesto regional para prevención crece un 12 %, pero el precio de la hora de vuelo de un anfibio se ha encarecido el 30 % tras la guerra de Ucrania. El consejero lo resume con una metáfora de cosecha: «Tenemos más guadañas, pero el grano sube más que la siega».
Mientras tanto, en el puesto de mando avanzado de Garganta la Olla, un mapa plastificado recoge cada trazado de fuego con rotulador rojo. A las 19:30 el perímetro suma 3,2 kilómetros. La noche cae fría y seca: la humedad relativa bajará al 25 % cuando el termómetro marque 9 °C. El helicóptero nocturno despegará a las 22:00 con visores térmicos. El técnico de operaciones apura la última frase antes de que se apaguen los focos: «Si el vilo no da un respiro, mañana pediremos refuerzos de León. Y entonces el coste ya no será dinero, será monte perdido para cien años».
El fuego, mientras tanto, sigue deshilachando la sierra. Y la sierra, como toda frontera interior, no perdona.
