Fenerbahçe corta a su base estrella: la rodilla rota que acabó con wilbekin

El Fenerbahçe no esperó al final de temporada. Scottie Wilbekin, el base que ayudó a devolver al club a la cima de la Euroliga, se quedó sin empleo este lunes tras una rescisión de contrato que el club anunció con un escueto comunicado en X. La razón no es el rendimiento: es la rodilla que ya no responde.

La historia se escribió en seis partidos. Ese fue el cupo que pudo completar Wilbekin antes de que el cuerpo médico detectara nuevas señales de alarma. Siete puntos por noche, 1,3 asistencias y una valoración de 5,8: números que parecen de un rookie, no del veterano que ostenta 619 triples en la competición. La lesión —rotura del ligamento cruzado anterior— lo tuvo un año entero en el dique seco y, cuando volvió, el tiempo se había comido su verticalidad.

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Wilbekin aterrizó en 2022 con pasaporte turco y la misión de devolver la Euroliga a un Fenerbahçe hambriento. Lo logró. Después sumó dos ligas domésticas, tres Copas y una Supercopa. El presidente lo celebró entonces como «un fichaje estratégico». Hoy, el mismo club firma su despido con la frialdad de un aviso de taller: «contribuyó a muchos éxitos».

La cláusula de rescisión blinda al club ante una posible demanda. El jugador, por contra, se lleva los 3.225 puntos anotados que lo sitúan entre los 20 máximos anotadores de la historia del torneo. Nadie sabe si bastarán para encontrar otro equipo dispuesto a arriesgar un contrato garantizado a un base de 32 años con dos operaciones en el mismo ligamento.

En el vestuario, la noticia cayó como una losa. Saras Jasikevicius, entrenador y antiguo compañero de generación, apostó por él pese a los informes médicos. Ahora se queda con un roster corto en la recta final: 23-11 en la tabla, pero sin un director de orquesta probado en playoffs. La euroliga no perdona los huecos en la rotación y menos cuando el objetivo es burlar al Real Madrid o al Olympiacos en cuartos.

Wilbekin ya no estará en la banda. Su futuro pasa por Miami, donde tiene casa y acceso a una clínica especializada en reconstrucciones complejas. Allí entrenará solo, sin cámaras, mientras observa cómo sus estadísticas —619 triples, 287 robos— resisten el paso del tiempo en las bases de datos de la competición. El mensaje es demoledor: la Euroliga no espera a los que se rompen. Se marcha con cuatro títulos y una rodilla que ya no le pertenece al deporte.