Fin de la tortura silenciosa: la corte suprema impide que un pastor escape a la justicia

Samuel Josué Figueroa, un pastor evangélico de El Maitén, Chubut, deberá responder por la violación sistemática de su hijastra durante siete años. La corte suprema de Justicia de la Nación (CSJN) revocó un fallo provincial que pretendía liberar al religioso, poniendo fin a una historia de impunidad que conmocionó a la Patagonia argentina y que, de no ser por la intervención del Máximo Tribunal, habría condenado a la víctima a un silencio perpetuo.

Un fallo judicial que desató la polémica

La historia parecía destinada a repetirse. El Superior Tribunal de Justicia (STJ) del Chubut, basándose en un tecnicismo de plazos, había anulado la condena de 14 años impuesta a Figueroa. Un fallo que, según denunció la Procuración General del Chubut, ignoraba por completo el contexto excepcional de la pandemia de COVID-19 y ponía en riesgo la revictimización de la víctima, una mujer que ya había soportado años de abuso y terror.

Los abusos, que comenzaron cuando la niña tenía apenas 8 años y se prolongaron hasta que estuvo a punto de cumplir los 15, se desarrollaron a la sombra de la autoridad moral del pastor, quien se presentaba como un líder espiritual incuestionable. Figueroa, aprovechándose de la vulnerabilidad de su hijastra y del miedo que le infundía, la obligó a guardar silencio, amenazándola con que, de revelar la verdad, su madre se suicidaría. Un chantaje emocional cruel que la mantuvo prisionera de su propia pesadilla durante años.

La justicia, finalmente, hizo valer la protección a la víctima

La justicia, finalmente, hizo valer la protección a la víctima

La CSJN, con un fallo contundente, devolvió el caso a la realidad. Los ministros Rosatti, Rosenkrantz y Lorenzetti dejaron claro que los plazos procesales no pueden prevalecer sobre la protección de las víctimas de violencia sexual, especialmente en situaciones de emergencia sanitaria. El tribunal nacional hizo gala del sentido común, entendiendo que exigir a la víctima, ya adulta, que recreara el infierno de su infancia en un juicio era una exigencia injusta e inaceptable. La decisión de la Corte no solo corrige un error judicial, sino que también envía un mensaje claro: la impunidad de los agresores sexuales no será tolerada.

Un Antecedente Familiar Oscuro La condena de Figueroa añade una capa más de complejidad a esta historia. Su padre, un exobispo, también fue condenado por abusar de menores en Bariloche. Un legado familiar marcado por la violencia y el abuso de poder que ahora ha encontrado un cierre, al menos en este caso, gracias a la firmeza de la justicia.

La víctima, tras dos décadas de silencio y dolor, finalmente puede vislumbrar un futuro sin la sombra del miedo. La historia del “pastor violador”, como se le conoció en la región, termina hoy no con un tecnicismo legal, sino con el peso de la ley devolviendo un poco de paz a una mujer que, finalmente, ha podido romper el silencio y exigir justicia. La resolución de la corte suprema es una victoria para todas las víctimas de violencia sexual, un recordatorio de que la justicia, a veces, tarda, pero llega.