Venezuela: ¿oportunidad real o ilusión petrolera?

El atractivo es innegable, al menos sobre el papel: reservas petroleras gigantescas, la reapertura del sector privado, sanciones atenuadas y una nueva legislación. Sin embargo, la lluvia de inversiones que se anticipaba se ha diluido en una nebulosa de dudas. La pregunta que ronda las mesas de negociación no es si la oportunidad existe, sino si persistirá el tiempo suficiente para que sea rentable.

La desconfianza anclada en el pasado

No se trata de un riesgo político abstracto; es la sombra de tres décadas de arbitrariedades que se cierne sobre cualquier acuerdo. Delcy Rodríguez no es la primera chavista en tender la mano al sector privado, ofrecer garantías y promesas. La experiencia ha enseñado que las instituciones son débiles y los contratos, tan sólidos como las relaciones políticas que los respaldan. La cercanía al poder –“Conozco a alguien que conoce a Delcy”– puede abrir puertas, pero no garantiza la estabilidad de una inversión multimillonaria a largo plazo.

La fragilidad del marco legal

Lo que complica aún más la situación es la naturaleza misma del régimen actual, incluso con el reconocimiento parcial de Washington. Su autoridad es tolerada, incluso negociada, pero no está asentada. Cada acuerdo firmado hoy corre el riesgo de ser reexaminado mañana, no necesariamente por un gobierno hostil, sino por futuros juristas desentrañando las ambigüedades del presente. El peligro no es solo la expropiación, sino la retroactiva ilegitimidad de los contratos.

Una sociedad en tensión

La percepción inicial de estabilización tras el acercamiento a Estados Unidos se basa en un terreno inestable. El descontento no es ideológico; es material. Los cortes de energía, la devaluación recurrente del bolívar y la ausencia de mejoras palpables en las condiciones de vida han generado una presión latente. Invertir en Venezuela hoy significa apostar no solo por un país en transición, sino por una sociedad que aún no ha sentido los efectos de esa transición.

La contingencia política: un factor decisivo

Pero la variable más inquietante es la política exterior estadounidense. La actual apertura en Venezuela está intrínsecamente ligada a una configuración política específica en Washington. Un cambio de administración, con prioridades diferentes, podría relegar a Venezuela a un segundo plano, retirando el apoyo político y los recursos que sostienen el actual panorama. La estrategia directa de Donald Trump es una excepción, no una regla.

El eco de 2017: adaptación, no transición

El presente venezolano evoca un déjà vu de 2017. En aquel momento, el país oscilaba entre la presión internacional y la capacidad del régimen para absorberla y consolidar su poder. Al final, la adaptación demostró ser más rápida que la escalada de la presión. Lo que parecía una transición, terminó siendo una lección de supervivencia. La clave está en recordar ese desenlace, no solo las protestas que lo precedieron.

Un sistema que favorece a algunos

En esencia, el gobierno venezolano busca crear un sistema donde la estabilidad se derive de la fuerza, no de reglas claras. En ausencia de estas últimas, la cercanía al poder se convierte en un escudo precario. El reciente arresto de Wilmer Ruperti, un hombre profundamente arraigado en el sistema, lo ilustra a la perfección. Las relaciones pueden ser fuertes, pero son susceptibles de ser redefinidas de la noche a la mañana.

Venezuela no se está normalizando; está tomando forma algo más ambiguo: un entorno abierto a las transacciones a corto plazo, pero plagado de incertidumbres difíciles de cuantificar. El marco legal sigue siendo contingente, la autoridad política, disputada, y el respaldo externo, inherentemente temporal. La pregunta no es si Venezuela funciona, sino para quién, por cuánto tiempo y bajo qué supuestos de continuidad que podrían desmoronarse.

Según estimaciones recientes, el flujo de inversión directa extranjera al país se ha mantenido por debajo de los 500 millones de dólares anuales, una cifra irrisoria en comparación con las proyecciones iniciales.